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Marcelo Gonzales



  • Historia de Marcelo González

    • Nombre y apellidos: Marcelo González
    • Fecha de nacimiento y edad: 7 de diciembre de 1999 - 21 años
    • Nacionalidad: Argentina, Buenos Aires, La plata
    • Físico de Marcelo: 170 cm y 75 kg, complexión atlética, de piel canela y ojos verdes.
    • Cualidades de Marcelo: Lealtad, Valentía, Perseverancia.
    • Miedos: La soledad, Las alturas.
    • Personalidad: Persona con infancia complicada, y con bastantes problemas en su barrio. Fuerte de carácter, sincero y valiente.

    El Nacimiento y primeros años
    Un 7 de diciembre de 1999 Juan Alberto Cabral acompaña a Fabiana Trina Martínez la cual dio a luz a un niño en la ciudad de La Plata provincia de Buenos Aires. Dada la juventud e inmadurez de ellos, después de llamarlo Marcelo, el miedo los inundó y salieron del lugar. Fue así, que el pequeño a sus pocas horas de vida recibió el rechazo de sus progenitores.
    Sus tíos maternos al enterarse de la situación y al verlo tan desvalido, asumieron la tarea de su crianza, convirtiéndose Segundo Raimundo González y Adriana Noemí Martínez en sus padres adoptivos.
    En el barrio Hipódromo, mejor conocido como casco urbano. Marcelo se crio bajo una economía muy mala. Su naturaleza hiperactiva se notaba por sus constantes gateos de un lado a otro. Nunca un niño había dado tanto uso a sus juguetes como el pequeño González. A los pocos meses aprendió sus primeras palabras que fueron Papa y Mama, la alegría de los padres se notaba en el aire. Sus hermanos más mayores Diego y Hernán para acompañar la celebración prepararon la merienda y unos mates para los adultos.
    La condición económica deplorable de la familia obligó que Segundo hiciera turnos extras en el trabajo para generar más dinero. Sin embargo, el costo de ello fue el casi nulo contacto con sus hijos, en especial con Marcelo.
    Pero no todo puede ser tan malo, si bien con su padre tenía poco contacto, la relación con su madre se hizo más estrecha. Pese a sus pocos años, podía notar la preocupación de ella por la situación. Por lo mismo cada día intenta alegrarla haciéndole caras extrañas y bobadas propias de los 2 años.
    En el año 2002, su padre estuvo en casa más de lo habitual. Marcelo observaba que tenía el rostro triste y de vez en cuando unas lágrimas se desprendían de sus ojos. Preocupado le pregunta a su mamá porqué su padre estaba así. Ella le explica que el abuelo ha muerto. Pero que no se preocupe, ya que ahora estaría en el cielo, como una estrella que lo cuidaría a él y a la familia. El pequeño encontraba consuelo en las palabras de Adriana y de vez en cuando miraba al cielo para saludar a su Abuelo, eso le llenaba de alegría.
    La Navidad del 2004 fue muy especial. Con mucho esfuerzo los González Martínez compraron obsequios a sus hijos. Marcelo recibió un pequeño balón de futbol. El que se convirtió en su juguete favorito. Como todo niño soñaba con convertirse en un Futbolista Profesional.
    Un día con la inocencia de los 5 años le comenta sus sueños a su padre, el cual lo incentivó a practicar para lograr lo que anhelaba. Pero no era suficiente. Segundo, al ver la constancia del pequeño para mejorar sus habilidades sin despreocupar sus deberes de casa, decidió inscribirlo en una escuela de futsal. Pese a la precariedad de implementos iniciales, logró conseguir sus primeros botines.
    El equipo necesita un goleador
    Con el equipo de futsal se jugaban la final del campeonato. Saliendo victoriosos. Obviamente, Marcelo el goleador indiscutido. Sus padres y hermanos aplaudían orgulloso ese logro en su categoría deportiva.
    Cuando iban ya saliendo del recinto. Un señor se les acerca y les comenta que están interesados en contar con Marcelo en las divisiones inferiores de Gimnasia y Esgrima la Plata, les deja una tarjeta con su contacto.
    El festejo de esa noche de la familia González se prolongó hasta la madrugada.
    Era el primer día en su nuevo equipo y Marcelo estaba nervioso. Por primera vez entrenaría en un lugar de alto rendimiento. Disfruta cada momento.
    Después de varios partidos siendo espectador desde la banca del equipo, el entrenador le dice que se aliste. Entra en el segundo tiempo dejando brillar su habilidad con el balón, convirtiendo los dos goles que le dieron el triunfo.
    Así pasaron los días de Marcelo, entre la escuela y los entrenamientos. Pero el destino es incierto y a veces traiciona.

    El accidente, una marca y un encuentro
    A los 8 años, mientras su madre cocinaba Marcelo al intentar ayudar y en una mala maniobra la olla que contenía el agua hirviendo se derramó sobre él. Adriana desesperada corre con él en brazos al hospital más cercano. Su vida estaba peligro, las quemaduras eran profundas y la ropa se impregnaba en su piel. El doctor de turno les dio la mala noticia. Quemadura grado 3. Solo debían esperar la evolución.
    Después de meses de constantes operaciones e injertos, el niño logró sobrevivir, quedando en su pecho una cicatriz que le recordaría el resto de su vida aquel episodio.
    Fue así que una dificultad más en su vida debió enfrentar. La crueldad de los demás niños que lo molestaban en la escuela por aquella marca. Crueldad que soportó en silencio para no afligir más a sus padres.
    El accidente dejó a la familia en una condición económica aún peor. Pero sostenible.
    Todo parecía que se normalizaba en la vida de Marcelo. Sin embargo, en ese 7 de diciembre una carga emocional más se añadía en su corta experiencia. Su madre biológica aparecería, llamando a la puerta. Con la inocencia de sus 9 el pequeño le pregunta a la mujer quien era y que quería. Ésta posa su mano sobre la cabeza de él y la desliza suavemente por su rostro.
    -Soy tu madre...
    Estupefacto al oírla, se sonríe pensando que era una broma. Luego su rostro se desencaja ante la insistencia de ella, da un paso hacia atrás y cierra la puerta. Corre donde su madre en la cocina y le comenta lo que ha pasado.
    Adriana rompe en llanto y lo abraza. No te preocupes nada cambiará.
    Se aproxima con el niño y abre la puerta.
    Adriana - “¿Qué haces aquí?" le pregunta con voz fuerte
    Fabiana - "Vengo por mi hijo." contesta desafiante y mirada penetrante
    Adriana - "Tú ya no tienes hijo. Lo perdiste cuando te fuiste y lo dejaste a su suerte."
    Mientras ellas discutían Marcelo iba cayendo en la realidad. No podía dar crédito a esta noticia que lo golpeaba. Llorando se va al cuarto que compartía con sus hermanos y se esconde bajo las cobijas de la cama.
    Adriana inquieta por lo que pudiese estar sintiendo Marcelo, pidió a su hermana que se retire de la casa y no regrese, cierra la puerta con firmeza demostrando su molestia y corre al cuarto a ver a su pequeño.
    Lo consuela e intenta hacerle entender la situación. Sin embargo, a sus cortos años era un niño decidido y le comenta a su madre, que a aquella señora no la quiere en su vida. Con esas palabras cerró el capítulo de su madre biológica y continuó con su vida como si todo eso no hubiese pasado.
    Corría ya por sus 11 años y la situación familiar era cada vez más compleja. Adriana y Segundo no podían más, daban todo de sí para conseguir el sustento del hogar. Pero no era suficiente, la comida escaseaba.
    Segundo, toma la decisión de irse a trabajar fuera de la ciudad...

    El hombre de la casa
    ... Pasaron meses y no tenían noticias de Segundo. Una llamada congela el rostro de Adriana. Su amado esposo llevaba semanas hospitalizado por un accidente laboral. Ella no podía ir y dejar la casa, Por eso, Diego y Hernán, los hermanos mayores fueron a acompañar a su padre.
    A los 12 años, Marcelo se queda con su madre y hermana, convirtiéndose en "el hombre de la casa"
    Marcelo un día sentado en la cuneta fuera de la casa pensaba en la manera de poder ayudar a sus padres. A lo lejos vio que su vecina, de avanzada edad venia de las compras con unas bolsas que apenas cargaba, corrió a ayudarla y la acompañó a su casa. La anciana en agradecimiento le dio unas monedas.
    Y así fue que cada día comenzó a realizar mandados para sus vecinos y conseguía algo de dinero para ayudar. Pero se convertiría en el ingreso permanente de la familia.
    El esperado regreso y una pasión olvidada.
    Por fin regresarían sus hermanos y Padre. Aunque este último imposibilitado de realizar por el momento alguna actividad solo la rehabilitación.
    Cuando esperaba su turno de atención en la tienda grande de la esquina y realizar las compras para una vecina. Observó en la pared un afiche que invitaba a todos a participar en el mini campeonato de "futbol de barrió". Sus ojos se iluminaron al recordar ese sueño de pequeño.
    Se reunió con sus hermanos y amigos para formar el equipo que presentarían en aquel campeonato.
    8 equipos en total fueron los inscritos. La primera ronda fue todo un éxito. Goleada de 8 contra 1 sobre sus rivales.
    La segunda ronda fue más reñida, pero exitosa, 3 a 1 el resultado.
    La final ya era un hecho y Marcelo con toda la ilusión comienza el partido. Un gol para cada uno a 1 minuto del final. En un contragolpe del equipo rival pasó lo impensado, un golazo, lanzado fuera del área lapidó las ilusiones de ganar el campeonato. Pitazo final y todo estaba ya definido.
    Medallas de plata, lucían orgullosos, cada uno colgando desde sus cuellos.
    El sueño de la casa propia y el nuevo trabajo
    Con 14 años y junto a sus hermanos ayudaron a su padre a cumplir el sueño familiar. Una casa propia, no pagar más alquiler y no ir de un lado a otro.
    La adquisición de un terreno ya era un hecho. Día a día Marcelo después de realizarles las compras para las vecinas, trabajaba con su padre en la construcción de la casa.
    A los 15 años, vio un anuncio que decía, que necesitaban ayudante auxiliar par un taller mecánico. Básicamente, encargado del orden y la limpieza del lugar. Sin pensarlo demasiado entra al establecimiento y se habla con el encargado preguntándole si la vacante estaba disponible, este le responde afirmativamente. Le hace una serie de preguntas, al cabo de un rato Marcelo sale de la oficina encantando por conseguir el empleo. Sonríe mientras camina a su casa para contarle a su madre las buenas noticias.
    Al pasar los días Marcelo se maravillaba con el trabajo que realizaban sus compañeros. Por eso cada vez que tenía la oportunidad de ayudarles, no la desperdiciaba con tal de ir aprendiendo las diversas técnicas y maniobras que se realizan en aquel oficio.
    El dueño del taller, al verlo con la alegría y entusiasmo con la que trabajaba, un día le hizo ir a por una caja que tenía en la oficina. Una vez que estaban todos reunidos, el turco abrió la caja y comenzó a repartir una camiseta con el logotipo y nombre del local. Orgulloso coge la suya y se la pone.
    Ser mecánico era algo que disfrutaba. Sin embargo, sentía que algo le faltaba…
    … Ese algo era completar su educación. Pudo comprender que abandonar sus estudios desde pequeño, siempre lo pondría en desventaja. Con 17 años toma la decisión de regresar a estudiar. Después de mucho buscar una institución donde completarla, logra encontrar una escuela para adultos. Donde debe rendir algunos exámenes de admisión.
    Los resultados de aquellos exámenes fueron positivos. Así que el González, por fin rendiría la secundaria.
    15 de diciembre del 2019 Marcelo recibe frente a sus compañeros y familia el certificado que indicaba que esa etapa estaba cumplida. Pero eso no era todo, su constancia y dedicación lo llevaron a obtener el reconocimiento del primer lugar de su generación con promedio final de 9.

    El gran sueño y el viaje
    Al darse cuenta de que era capaz de lograr más cosas, en su cabeza comenzó a crecer la idea de continuar sus estudios fuera de su país.
    Logró conseguir una beca de estudios en el destino que soñaba.
    Contabilizó sus ahorros y se percató que quizás tendría que rechazar aquella oportunidad. Pues no le alcanzaba para el boleto de avión.
    Sus compañeros comenzaron una colecta en su ayuda. Su jefe y dueño del taller se enteró de lo que sucedía. Sin dudarlo, fue por una fuerte cantidad al banco y le hace entrega de un aporte que le ayudaría a conseguir el boleto de avión y mantenerse por algunas semanas en aquel lugar del "sueño americano"
    Todo estaba dispuesto para el viaje que cambiaría su vida.
    Marcelo quería comenzar de cero. Pero había algo en él, que le recordaba ciertas cosas que quería olvidar. Caminaba por el centro de su pueblo y se paró frente a un local de tatuajes. Lleva la mano derecha sobre su pecho y sin más entró en aquel lugar, para cubrir con una obra de arte esa cicatriz que hizo su vida miserable por un tiempo.
    El tatuador, después de conversar con Marcelo, realizó unos trazos en una hoja y se la muestra. El González sonríe dando su aprobación.
    La mecánica se había convertido en su sustento y pasión. Con la ayuda de todos. se dirige a Los Santos, Estados Unidos, con la expectativa de convertirse en un gran mecánico, establecerse y reunir dinero suficiente para ayudar a su familia.


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