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Simon Colomar



  • [Narrado en primera persona]

    Mi nombre es Simón, Simón Colomar. Voy a contaros la historia que definió mi vida y lo más importante, lo que me ha hecho llegar a lo que soy ahora. Nací en un pequeño pueblo de España, Illán de Vacas; es posible que no lo conozcáis, es un pueblo de Toledo, uno de los muchos que habitan este paraje, como iba diciendo, nací el 3 de Julio de 1997 junto a mi hermano Julio, pero yo por suerte o por desgracia nací 3 minutos antes. La verdad es que nací con una buena mata de pelo color castaño, sinceramente espero no quedarme calvo en un futuro, sería algo nefasto, pero al menos el color miel de mis ojos no haría que la gente se fijase en si tengo o no pelo.

    Mi infancia fue bastante tranquila, bueno, depende de lo que uno entienda por tranquila, me crié en la tienda de mis padres, pese a ser un pueblo pequeño siempre recibían visitas de todas partes del país, no sé en qué momento se les ocurrió meterse a vender antigüedades, pero eso lo contaré más adelante. Cuando cumplí los cuatro años, mi prima Evie se mudo a nuestro pueblo, para mi es como si hubiera estado toda la vida con nosotros, la quiero más que nada en este mundo, aunque ahora se encuentre lejos. La vida pasaba rápido en el pueblo, solía jugar con mi hermano a tirarme en trineo desde montículos llenos de piedras, o molestar a los abuelos con bromas; ya sabéis, cosas de niños que se aburren en verano en un pueblo, pero en vez de en verano, todo el año. En mi defensa diré, que soy consciente que no era muy inteligente por nuestra parte hacer el cabra de esa manera, siempre acabábamos con más de un rasguño, la parte positiva, es que nuestra prima siempre nos esperaba con agua oxigenada y con tiritas. Otra de nuestras actividades favoritas era ir a la biblioteca, si, a la biblioteca, rara vez Julio y yo nos poníamos a leer, hasta los 10 años estuvimos mi hermano y yo fervientemente convencidos de que aquella pequeña biblioteca construida en 1940 ocultaba pasadizos y libros secretos prohibidos a los civiles; aunque pista, no encontramos nada.

    Cuando cumplimos los siete años comenzamos a relacionarnos con los niños que venían en verano al pueblo, he de decir que yo era una persona bastante, como decirlo… introvertida. Necesitaba que Julio hiciera siempre la primera toma de contacto con la gente, yo solía esconderme detrás de él o de mi prima; al menos las cosas han cambiado respecto a esto, ahora soy una persona más abierta y se en quien puedo o no confiar. Aunque a esa edad, cuando conseguía coger confianza hacia unos amigos increíbles, nos pasábamos todo el verano trasteando por aquí y por allá, eran buenos tiempos la verdad, ¿lo malo? cogía confianza cuando quedaba poco para que se fueran, me agarraba a que volvieran las vacaciones siguientes.

    Para cuando llegué a los once años de edad, me había abierto algo más con la gente de mi entorno, es cierto que las peleas que mi hermano y yo causábamos con otros críos ayudaron a volverme algo más fuerte, a día de hoy la verdad es que me arrepiento por haber actuado así, se que solo era un crío pero meterse con los chavales de ciudad no era la solución a ningún problema; y mira que se lo merecían. Un momento de mi vida que me impactó a gran escala fue cuando estuve en el hospital, para variar me partí una pierna, y estuve escayolado unas semanas, conocí a una chica que estaba ingresada, no me acuerdo de su nombre ni de su cara, pero se a ciencia cierta que estaba enferma, estuvo hablando conmigo en la sala de espera y lo que dijo me chocó en gran medida, me hablaba acerca de la muerte y cómo hay que evitar temerla, todo lo que tenemos puede desaparecer en cualquier momento y por eso mismo hay que vivir sin miedos, sin asustarse o ser un cobarde; pueden parecer unas palabras bastante simples pero en aquel momento, con once años, generó un gran terremoto en mi interior.

    La vida pasaba lentamente en el pueblo, mis padres seguían con su negocio que cada vez me resultaba más extraño, pero yo continuaba con mi vida en el pueblo, la adolescencia la recuerdo duramente, sentía en muchas ocasiones ser el segundo plato de la gente, pese a haber nacido el primero, mi hermano era mucho más extrovertido que yo y acaparaba la atención de la gente y debido a esto puedo decir que lo pase bastante mal, que vinieran las chicas que Julio rechazaba a mis pies no era algo de buen gusto, llegué a detestar bastante a mi hermano durante esta época; pero puedo decir que lo que peor me sentó fue cuando me utilizaba para atraer la atención de las chicas, únicamente para alimentar su gran ego. Hasta ahora no he dicho más que cosas malas de mi hermano, pero sin duda, me hizo la infancia muy complicada, aunque parezca que no, le quiero bastante, aún en lo malo, siempre ha estado ahí para ayudarme.

    Cuando ya tenía 14 años, empecé a investigar algo más sobre el trabajo de nuestros padres a las espaldas de Julio y Evie, no quería que se vieran involucrados ya que parecía un negocio peligroso. Un día en una excursión aparentemente normal y familiar, decidí seguir a nuestro padre, dejando a Evie y Julio hablar sobre chicas. Se adentró en un bosque de lo más seguro, escuchaba un sonido distinto a cada paso que daba, poniéndome nervioso y no controlando la velocidad a la que le seguía ni mi respiración. Llegamos a un claro donde le esperaba otra persona entre las sombras de la maleza, nunca había sentido una presión en el aire tan fuerte como ese momento, el aire parecía mantenerse quieto, y me costaba respirar debido al esfuerzo y los nervios. Fue entonces cuando mi padre, se acercó a la otra persona, para darle algo, no vi demasiado bien qué era, pero vi una especie de sobre de conserva como el que usaba para mis bocadillos cuando iba a la escuela. Intenté acercarme más al ver que no alcanzaba a ver de qué se trataba, conseguí ver como a mi padre le daban un sobre bastante gordo. Supuse que era dinero, pero quería asegurarme. Volví lo más rápido que pude a donde se encontraban Evie y Julio. Llegué a ellos muy fatigado, apenas podía hablar, ya que nuestro padre se encontraba en fantástica forma física y se movía por el bosque a una velocidad increíble. Me preguntaron que dónde había estado y lo primero que se me ocurrió decirles fue que estaba persiguiendo una ardilla, parecieron creérselo, pero estoy seguro que mi prima Evie sospechó algo. En la noche, cuando todos estaban durmiendo, me adentré en la habitación de nuestros padres, y revisé la chaqueta de papá. ¡Era un sobre lleno de dinero!, no había visto tanto dinero nunca, yo quería largarme del pueblo cuando fuese más mayor, y les quité 2000€… nunca pensé que esa cantidad de dinero importaría tan poco en el futuro…

    Los 16 fueron una época extraña, entraba más en la adolescencia y eso implicaba muchos cambios tanto físicos como psicológicos, me empecé a interesar más por mi aspecto físico y mis relaciones cercanas, en verano comencé a hacer rutas por fiestas de pueblos con mi hermano, mi prima solía interesarse por otras cosas; así mismo empecé a buscar información con todo lo relacionado con mecánica y la tecnología. Era un mundo muy interesante en el que poco a poco iba aprendiendo cada vez más. Poco más sucedió durante mis 16-17 años, añoro esos momentos de fiesta y regocijo con mi familia y amigos, y notaba como hacía amistades cada vez más cercanas y duraderas. Añoro esos tiempos más simples.

    A mis 18 años, empezó a cambiar mi alrededor, Julio estaba a su bola, como siempre hablando con cualquier chica he intentando parecer el más interesante siempre. Y Evie, estaba enfrascada siempre en sus cosas. Mis amigos cercanos comenzaban a mudarse lejos, siempre dijimos que mantendríamos el contacto, pero esto no siempre fue así… Intenté acercarme más a mi familia, aunque Julio siempre me daba la bienvenida con los brazos abiertos a sus círculos de amistad, le encantaba acaparar toda la atención para él solo, y sentía que sobraba más de la mitad de las veces. Evie en cambio estaba sola, leyendo o hablando con alguna amiga, comencé a hablar con ella de forma más íntima, de mis sentimientos y ese tipo de cosas. Me comentó que Julio nunca se había abierto tanto, y entendía por qué lo hacía si quería mantener su estatus “del más guay” nunca se abriría tanto como lo hice yo con Evie en ese entonces. Respecto al tema de mi padre, no descubrí nada en esos últimos años, solo que mi padre salía de vez en cuando de casa cuando no tenía prácticamente ningún recado o había que comprar alguna chorrada, pero nada que fuese importante. Justo ahora me viene a la mente la fiesta que tuve cuando alcancé mi mayoría de edad. Como nacimos el mismo día Julio y yo, en un principio queríamos celebrar las celebraciones por separado pero Evie se enfadó y nos dijo que la hiciéramos juntos que no quería elegir entre nosotros. La noche comenzó bien, juntamos a todos nuestros amigos, y todo parecía ir bien, hasta que bebimos más de la cuenta, todos empezaron a marcharse y nos acabamos quedando prácticamente solos en un pueblo que no era el nuestro. Cuando quise darme cuenta Julio se estaba montando en un coche con un amigo que parecía que le estaba acompañando a casa. Apenas pude levantarme a tiempo para que se diesen cuenta de que me estaban dejando atrás. Se fueron, vi como el coche se iba alejando poco a poco, y yo me quedaba en un pueblo que apenas conocía, a 20 kilómetros del nuestro, ya que no me agradaba demasiado la idea de quedarme a pasar la noche medio borracho en un sitio desconocido, decidí ir a casa caminando con la única luz que reflejaba la luna. Llegando al pueblo, prácticamente a las 6 de la madrugada, vi cerca del mismo a mi padre hablando con unos tipos la mar de raros, entre la resaca que empezaba a tener y las prisas que tenía por darme una ducha, no le dí mayor importancia y seguí adelante, tampoco me iba a acercar a él e interrumpirle. Al llegar Julio estaba durmiendo a pierna suelta, y Evie me ayudó a llegar hasta la cama, caí rendido nada mas tumbarme.

    Cuando alcancé mis 19 años, una noche cerrada de invierno, mis padres tuvieron que marcharse a realizar unas compras, yo sabía que esto no encajaba mucho ya que estaba bien entrada la noche, pero tampoco quise darle demasiada importancia, pasé gran parte de la noche en frente de la chimenea junto a mi prima y mi hermano, la verdad es que fue una noche bastante agradable, hablamos de un montón de cosas y nos abrimos mucho, a partir de esa noche me sentí mucho más unido a ellos. Cuando podría decirse que estaba pasando una noche increíble, escuchamos un grito, tardé en reaccionar, no entendía el motivo del grito tan cerca de nuestra casa, ya que era una zona bastante tranquila, cuando me quise dar cuenta, Julio y Evie se habían ido, entendí al momento que habían ido a mirar los alrededores de la casa, cogí un cuchillo de la cocina, y me quedé encerrado esperando a que pasase algo, el tiempo pasaba demasiado lento y estaba empezando a hartarme, salí por la puerta trasera en busca de la escopeta de mi padre, después de rebuscar en aquel trastero, la acabé encontrando, la cargué como pude y me dirigí a la parte frontal de la casa, fue entonces, cuando antes de que nadie pudiera verme, cuando visualice la escena y comprendí lo que estaba pasando, mis padres debían una gran cantidad de dinero y esas personas que venían a verles de vez en cuando, acabaron cobrandoselo con sus vidas, y en ese mismo momento, sus cuerpos se encontraban rodeados de los vecinos del pueblo, estaban hartos de sus negocios, y querían que nos marcharemos, comenzaron a amenazar a mi hermano y a mi prima, y en ese mismo momento cuando veía que las personas que mas me importaban corrían peligro y que mis padres ya estaban muertos, cogí la escopeta y tire hacia delante con todo, estaba lleno de rabia y necesitaba desahogarme, aún me arrepiento de todo, pero no tenía control sobre mi cuerpo, me sentía perdido. Lo siguiente que recuerdo es a Julio arrastrándome al todoterreno de nuestros padres, Evie se puso al volante, y salimos lo más rápido que pudimos de aquel pueblo, donde todos nuestros recuerdos se quedaban enterrados.

    A partir de ese entonces, estábamos solos ante el mundo, solo nos teníamos los unos a los otros. Todos cambiamos en nuestro interior debido a lo sucedido, Evie se cambió el nombre legalmente, pero eso es otra historia, me acabé acostumbrando a su nuevo nombre. Por su parte mi hermano no estaba demasiado pegado a nosotros, tenía su forma de enfrentar las cosas y la verdad es que me dolía. En cuanto a mí, me encontraba perdido, es una forma extraña de expresarlo, pero en ese momento no quería enfrentarme al mundo real. Pasé un año con ellos viviendo en un apartamento de una pequeña ciudad que no merece la pena ni nombrar, se puede decir que este año, lo pasé enfrascado en libros, me gustaba todo lo que podía encontrar en ellos, desde conocimientos, hasta historias increíbles, que me ayudaban a olvidar lo que ocurrió aquella noche, pese a haberme aportado tanto, actualmente pienso que me volvieron una persona muy cerrada con mi entorno. Un medio día de esos, tan corriente como cualquier otro día mi prima y mi hermano tuvieron una gran discusión, no la recuerdo muy bien por que yo en esa época, no me encontraba dentro de mi; aunque algo está claro, las compañías que frecuentaba Julio y los problemas que traía a casa no le hacían ni pizca de gracia a mi prima, así que acabó marchándose, dejándonos solos a mi hermano y a mi. Ahora estábamos aún más solos que antes.

    Decidimos marcharnos de allí, comprendí que debía espabilar si quería sacar a Julio del lío en el que estaba metido. No sabía muy bien la magnitud del mismo, así que decidí cortarlo de raíz, marchándonos de la ciudad. Antes de irme, dejé un móvil de prepago, de estos baratos, con mi contacto dentro, lo coloqué detrás de un cuadro donde Julio guardaba cosas importantes, con la esperanza de que mi prima volviese a casa, pudiese localizarnos. Hicimos las maletas y nos fuimos de aquel antro de mala muerte.

    Los próximos dos años de nuestra vida, fueron más normales con respecto de lo que veníamos viviendo. Cada vez iba abriéndome más y pensando cada vez menos en aquél pueblo que una vez consideré mi hogar, e iba pensando cada vez más en el futuro que quería forjarme. Julio parecía volver a ser el mismo que cuando era más joven, volvía a ser cariñoso conmigo y a veces hablábamos de nuestra prima y lo que se la echaba en falta en casa muchas veces. Encontré trabajo en una empresa de telecomunicaciones, pese a que tenía pocos estudios demostrables, gracias a todo lo que había estudiado, conseguí el trabajo. Estaba muy bien pagado, lo suficiente como para mantenernos a los dos y guardar algo de dinero. En el trabajo hice nuevos amigos, siempre evitaba contar cosas de mis orígenes, y me centraba más en hablar de mi presente. Un día recibí un mensaje de mi prima, me quedé congelado, estaba entre asustado y emocionado, no podía creer que después de dos años volviese a saber de ella, después de contarme mediante mensajes de texto algunas de las cosas que había vivido, me contó que estaba mudándose a una nueva ciudad, y esperaba que mi hermano y yo fuésemos allí con ella. No sabía que hacer, por fin la vida empezaba a marchar bien, tenía trabajo, amistades, y mi hermano se iba recuperando, pero era mi prima quien quería vernos otra vez y no podía decirla que no… Renuncié al trabajo, y me despedí de mis amigos, esperando que nos volviésemos a ver. Cuando estábamos a punto de marcharnos con las maletas hechas, Julio me dijo que antes de marcharse tenía que ver a alguien y le dije que le esperaría allí. Fui a la estación de autobuses, y cogí el primer bus a esta nueva ciudad, esperando comenzar una nueva vida, esta vez toda la familia junta, al menos la que me quedaba.


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