Niklaus Salvatore



  • |=Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es cómo fue todo es rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porqué es una lata (entiéndanme, pasé una infancia de lo más normal, típica de cualquier crío promedio proveniente de una familia humilde), y segundo porqué a mis padres les daría un ataque si me pusiera aquí a contarles cosas de su vida privada. Para estas cosas son muy especiales. No me entiendan mal, son buena gente y todo eso, pero a quisquillosos no les gana nadie. Además no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales.

    Pero bueno tendré que empezar a contar algo, que no tengo todo el día. Después de escribir esto he quedado con una chica, ella insistió, supongo que nos sentaremos en la mesa de algún bar y solo tendré que escuchar. Ni se imaginan cuanto habla. Les juro que parece una radio, pero de esas grandes, ya sabe cómo las que tenían nuestros abuelos, esas grandes que parecen un mueble. Es que también es muy alta. Pero bueno me estoy desviando del tema. Aquí empieza mi historia.

    Como ya les he dicho no quiero enrollarme mucho con mi infancia así que pasaré directamente a la adolescencia. Ay, el instituto. Qué bonita época ¿verdad? Estoy de coña. El instituto es una cosa de locos. Creo que a todos nos cambia de una manera u otra. Estas como mínimo cuatro años viendo a las mismas personas cada día “aprendiendo” para ser una persona de provecho en el futuro. Toda una sarta de mentiras. Yo siempre me he considerado un buen alumno, es decir estudiaba, sacaba buenas notas, iba a clase, hacia caso de los profesores, no me metía en líos, vamos nada espectacular. Sin embargo cuando entré en bachillerato, empecé a pensar de manera algo diferente. No me malinterpreten, seguía estudiando como de costumbre, pero
    cosas nuevas rondaban en mi cabeza. En segundo de bachillerato ya se me fue la pinza.

    Veré si puedo explicarme. El instituto fue una época dura. Es un lugar donde no todos sobreviven. Lo sé. Perdí a gente a por el camino. Es un lugar donde se sufre. No quiero decir que todo sea malo obviamente, pero créanme cuando les digo que ese lugar es lo más cercano a un
    campo de batalla que creo que estaré nunca. Pasaron cosas malas. La gente puede ser muy cruel. Pero lo peor es ver como a otras personas les hacen daño. Me puede. En esos dos años aprendí que si ves una injusticia, no importa cuánto te peguen, no importa cuánto te griten, tienes que levantarte y con la cabeza bien alta decir “NO”. Un “no” bien grande joder. Gritarle a la cara al puto mundo que eres libre y que vas a luchar por lo que es bueno y justo.

    Fue una época muy loca joder, fiestas, coches destrozados, drogas, muerte, dolor. Aprendí lo malo que tiene esta vida, pero también lo bueno, amistad, amor, lealtad, justicia, la verdad. Y aprendí que no importa si eres el puto policía más grande del estado o un maldito miembro de una banda callejera. Hay que luchar por esas cosas buenas, porqué nos sobran de las malas.

    Acabo de salir del instituto, tengo 18 años, muy pronto 19, y no tengo ni puta idea de que me depara el futuro. Me he mudado a ésta nueva ciudad. No tengo un plan, no tengo una idea, no tengo nada. Solo mis valores e ideales que aprendí que respetaba durante esa época de mi vida.

    Por cierto, soy Niklaus Salvatore.=|


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