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Benja Mott nació y creció en un barrio humilde de Los Santos, rodeado de problemas, malas decisiones ajenas y un ambiente donde muchos terminaban en el lado equivocado de la ley. Desde chico aprendió que, si quería salir adelante, tenía que hacerlo por mérito propio. Su familia siempre hizo lo posible por mantenerlo en el buen camino, pero no siempre fue fácil.
Cuando tenía 13 años, Benja presenció un operativo del LSPD donde un oficial actuó con calma y humanidad para evitar que una situación peligrosa terminara peor. Ese momento se le quedó grabado. En vez de ver abuso o violencia, vio profesionalismo, respeto y vocación. Desde ese día decidió que él también quería portar una placa y ser alguien que marque la diferencia.
Durante su adolescencia trabajó en cualquier empleo que pudiera conseguir: talleres, depósitos, repartos y lavaderos. Aprendió a ser responsable, puntual y a no depender de nadie. Todo lo que gana lo guarda con un objetivo claro: algún día aplicará para convertirse en oficial.
Hoy, con 22 años, Benja entrena a diario, estudia procedimientos policiales por su cuenta y trata de mantenerse alejado de cualquier conflicto. Conoce la calle, pero no quiere pertenecer a ella; quiere proteger a la gente que vive en lugares como donde él creció.
La determinación de Benja es sencilla: no quiere ser uno más del montón. Quiere dejar su huella como un policía honesto, firme y justo. No le teme al esfuerzo, solo a quedarse sin intentar.