Noa_Ramos


  • LSSD - Andromeda

    Noa Ramos: Una vida narrada en tres actos

    Noa Ramos llego al mundo el 30 de mayo del 2000, en un hospital modestico de Carolina del Norte, Estados Unidos. Su madre siempre contaba que su nacimiento fue tan sereno que parecia que hasta el viento se detuvo, un instante, para escuchar su primer grito. Desde muy jovencita, Noa demostró esa curiosa mezcla de timidez y coraje que suele delatar a las almas atentas.

    Infancia: Una niña que ansiaba comprenderlo todo

    De pequeña, Noa era de esas que se arrodillaba ante una hormiga, curiosa por ver su rumbo. Su familia solía bromear, que ella no jugaba con los juguetes sino los interrogaba. La casa donde creció estaba rodeada de arboles altos, bicicletas olvidadas entre juegos y vecinos siempre amistosos, saludando desde sus porches.

    En la escuela primaria, Noa no era la mas popular ni la más escandalosa, pero si era la que siempre soñaba con mundos nuevos. Le fascinaba quedarse leyendo hasta tarde, especialmente historias de gente que defendía lo justo, aunque eso les saliera caro.
    Sin darse cuenta, esas historias empezarían a forjar su personalidad.

    Su abuela, con manos cálidas y una voz suave, narraba cuentos de mujeres valientes que transformaban suertes. Noa escuchaba, atenta, con la mirada fija como queriendo grabarse cada palabra en la mente.

    Juventud: hallando su voz, aun cuando dudaba

    La adolescencia la recibió con ese maremágnum de contradicciones, que nadie te explica cómo lidiar con ello. En la secundaria, Noa se unió al club de debate, casi por casualidad: una amiga la desafió a probar y, para asombro general —ella incluida—, descubrió que hablar en público le excitaba algo dentro.

    No fue todo sencillo. A los dieciséis, sufrió un desamor que le hizo sentir que el mundo se expandía, mas allá de lo que ella podía asimilar. Lloró, llenó cuadernos azules con letras, y después halló el modo de seguir adelante.

    Cuando le toco escoger carrera, no lo pensó mucho: Derecho. Le fascinaba la idea de entender cómo funcionaban esas reglas invisibles que rigen el mundo.
    Ansiaba entender el porqué de la justicia, ¿verdad? Y soñaba, quizá, con cambiar el rumbo.

    En la uni, Noa dominó el arte de argumentar con contundencia y escuchar con mayor esmero. A veces, salía molida de las clases; otras, con la sensación de haber descubierto algo nuevo sobre nosotros, los humanos. A pesar de lo duro del camino, sentía que era su sitio.

    Presente: una mujer en constante evolución

    Hoy, con veintitantos, Noa habita en un pisito lleno de libros con subrayados y plantas que, con más amor que disciplina, siguen vivas. No anda con grandes planes; prefiere charlar sobre lo que aprende, lo que la perturba, lo que la llena de ilusión.

    A veces, en las tardes tranquilas, se sienta junto a la ventana con una taza caliente entre las manos, pensando en el pasado, el presente y lo que aún no sabe, lo que vendrá. Aún conserva esa mezcla de curiosidad infantil y fuerza callada que siempre la ha acompañado.
    Noa, ella no tiene todas las respuestas, ni finge tenerlas, pero sigue adelante, creyendo que cada paso la ha acercado a entenderse mejor. Aun cuando sigue explorando su lugar en este mundo, la forma en que mira la vida sugiere que, dondequiera que esté, vivirá con la misma honestidad, sensibilidad y profundidad que la han definido desde el inicio.


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