Tomas Aranguiz



  • Nací en la ciudad de Los Santos, un lugar lleno de contrastes que marcaron mis primeros años. Crecí bajo la mirada firme y disciplinada de mi padre, un miembro de las fuerzas armadas de Estados Unidos cuya vida entera había estado dedicada al servicio. Su carácter rígido y su visión inflexible del mundo hicieron de mi infancia una etapa estricta, en la que muchas veces recibí castigos que no entendía del todo. Sin embargo, incluso en esos momentos, podía ver en él a un hombre moldeado por el deber, la responsabilidad y el sacrificio.

    Con el tiempo, la vida en casa comenzó a cambiar. Mi padre se jubiló después de décadas de servicio, y aunque seguía siendo el mismo hombre de principios duros, la estabilidad económica que trajo su retiro transformó nuestro día a día. La adolescencia que viví fue mucho más cómoda y tranquila; por fin podíamos acceder a mejores oportunidades, y mi familia experimentó una calma que antes parecía inalcanzable. Aquellos años me permitieron conocer otra faceta de la vida, más liviana, pero siempre acompañada por el respeto profundo hacia la trayectoria de mi padre.

    Cuando terminé la secundaria, sentí con claridad que el camino frente a mí estaba trazado por el ejemplo que había tenido desde niño. Con orgullo y determinación, decidí enlistarme en las fuerzas armadas de Estados Unidos con la intención de servir a mi país y, de alguna manera, continuar el legado que mi padre había construido con tanto esfuerzo. Fui aceptado, pero durante los primeros meses enfrenté dificultades personales y circunstancias inesperadas que terminaron alejándome de la ruta militar. Abandonar aquel sueño fue una decisión dura que me acompañó durante mucho tiempo.

    Hoy, con 23 años y una mirada más madura sobre la vida, siento que la vocación por servir nunca desapareció; solo esperó el momento indicado para volver a encenderse. He decidido retomar este camino con una convicción más fuerte que antes, dispuesto a enfrentar los desafíos que se presenten. Mi deseo es postular nuevamente, superar mis límites y, si todo sale bien, honrar la historia de mi padre creando mi propio legado dentro de las fuerzas armadas. No busco únicamente seguir sus pasos, sino demostrarme a mí mismo que soy capaz de construir una trayectoria que refleje mis valores, mi disciplina y mi compromiso con este país.


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