++ $t("links.title") ++
Your browser does not seem to support JavaScript. As a result, your viewing experience will be diminished, and you may not be able to execute some actions.
Please download a browser that supports JavaScript, or enable it if it's disabled (i.e. NoScript).
Nacido el 7 de abril de 2004, en Brooklyn New York.
Mateo Parker creció en un barrio pobre, rodeado de problemas desde antes de entenderlos. Su padre era un hombre ausente, involucrado en actividades que nunca se nombraban, y su madre trabajaba demasiado para darse cuenta de que Mateo absorbía todo lo que veía.
Desde niño mostró una mente fría y calculadora. Observaba cómo se movía la gente del barrio, cómo se intercambiaban favores, cómo funcionaba el respeto y el miedo. A los diez años ya entendía que el poder no estaba en la fuerza, sino en la información.
A los doce comenzó a pasar más tiempo en la calle que en su casa. Un hombre conocido por todos en la zona lo tomó bajo su ala y lo hizo parte de pequeños encargos. Nada grande, solo tareas básicas que requerían discreción y obediencia. Mateo cumplió cada una sin errores.
A los quince ya manejaba rutas, entregas y contactos. Aprendió a moverse sin llamar la atención y a desaparecer cuando era necesario. El barrio empezó a reconocer su nombre y su manera silenciosa de operar. Era joven, pero ya tenía una reputación.
Su padre desapareció definitivamente cuando él tenía diecisiete. La ausencia solo reforzó la idea de que debía valerse por sí mismo. Con cada año que pasaba, se volvía más frío, más preciso y más consciente de que estaba avanzando hacia un mundo del cual no podría salir.
A los veinte años, Mateo Parker ya había acumulado lo suficiente como para dejar atrás el barrio donde creció. Su ascenso dentro del negocio local había sido rápido y silencioso, y el dinero obtenido durante esos años fue más que suficiente para cambiar de escenario. No buscaba descanso ni una nueva vida limpia. Buscaba expansión.
Con lo ganado, se mudó a Los Santos, una ciudad mucho más grande, más corrupta y con oportunidades que superaban todo lo que había visto. Para él, Los Santos no era un escape, era un territorio fértil. Una ciudad donde los débiles se perdían y los calculadores prosperaban.