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Nombre completo: Mateo Takahashi Edad: 22 años Lugar de nacimiento: Hospital General de Los Santos, EE.UU. Nacionalidad: Estadounidense Sexo: Hombre
Padres:
Madre: Camila Valdivia, chilena de Santiago. Doctora en Medicina titulada en la Universidad de Chile, especialista en medicina interna. Mujer de carácter fuerte, exigente y con gran vocación, pero siempre preocupada por el bienestar de su hijo.
Padre: Daniel Takahashi, estadounidense de ascendencia japonesa. Ingeniero en Informática, graduado en la Universidad Estatal de California. Hombre reservado, disciplinado y de pensamiento lógico, que inculcó en Mateo la importancia del esfuerzo y la perseverancia.
Aunque se separaron cuando Mateo era pequeño, ambos se mantuvieron siempre presentes en su vida.
Apariencia física
Mide 1,75 m, de complexión atlética y piel clara. Tiene cabello oscuro y corto, con un corte formal, y ojos azules. Viste de manera práctica y sencilla en su día a día, uniforme impecable en el trabajo y ropa moderna cuando sale de noche.
Personalidad
Reservado y tranquilo, Mateo evita ser el centro de atención. Es responsable y leal, aunque en confianza se muestra mucho más sociable. En el trabajo mantiene una disciplina férrea, pero fuera de servicio no renuncia a disfrutar de su juventud: fiestas, amigos y vida nocturna. Su mayor lucha interna es entre su deseo de estabilidad y la ambición de superarse a sí mismo.
Infancia
Nació en Los Santos, donde desde pequeño mostró curiosidad por las instituciones de orden y seguridad. Con frecuencia hablaba con admiración del FIB (Federal Investigation Bureau) y del State Resources Enforcement, fascinado por la idea de investigaciones, operaciones y trabajo encubierto.
A los 12 años se mudó junto a su madre a Santiago de Chile, donde cursó toda la secundaria. Allí vivió una adolescencia relativamente típica: estudios exigentes, amistades sólidas, paseos y el contacto cercano con su familia materna, lo que fortaleció su disciplina y sentido de pertenencia.
Juventud
Al cumplir 18 años regresó a Estados Unidos para vivir con su padre. Validó sus estudios a través del GED, lo que le permitió flexibilidad para trabajar y entrenarse. Siempre le atrajeron el servicio público y la disciplina, lo que lo llevó a acercarse al State Resources Enforcement.
Educación y formación
Mateo ingresó al State Parks, y con esfuerzo consiguió entrar en la Aviation Unit del State Resources Enforcement donde egreso como Junior Pilot. Ahí desarrolló un sentido de disciplina, profesionalismo y compromiso.
El servicio en el State Parks le dio casi todo: experiencia, compañeros que hoy considera familia, y una causa a la que entregarse.
Pasado
Mateo Takahashi fue, alguna vez, un orgullo dentro del State Resources Enforcement, sirviendo como Peace Officer Class (A) y Junior Pilot en la Aviation Unit del State Parks. Con una carrera que prometía un futuro brillante, era el ejemplo perfecto de disciplina, vocación y compromiso. Había crecido con el ideal de proteger y servir, movido por la admiración hacia las instituciones de orden desde que era niño.
Su madre, Camila Valdivia, doctora chilena, y su padre, Daniel Takahashi, ingeniero estadounidense de ascendencia japonesa, lo criaron entre exigencia y valores firmes. Mateo siempre intentó estar a la altura de ambos, buscando la perfección en cada paso que daba.
Pero con el tiempo, el uniforme comenzó a pesarle. Las largas jornadas, la presión constante, los recuerdos de operaciones fallidas y las muertes que presenció desde el aire lo quebraron lentamente. En silencio, empezó a buscar alivio — primero con alcohol, luego con algo más fuerte. La droga le dio lo que la vida no: calma,
La Caída
Su adicción no pasó desapercibida. Cambió su comportamiento: dejó de presentarse puntual, su disciplina se volvió descuido, y su mirada —antes firme— se volvió vacía. Finalmente, tras un incidente en el hangar y una investigación interna, Mateo renunció voluntariamente antes de ser expulsado.
Perdió el rumbo. Sin el uniforme, sin propósito y sin rumbo claro, empezó a moverse entre las calles de Los Santos, donde encontró algo parecido a un hogar en los barrios bajos. Allí conoció a otros como él: gente rota, sin pasado, sin esperanza, pero con la misma rabia contenida hacia el sistema.
Empezó a moverse con pandillas locales, a ganarse la vida como podía: pequeños encargos, vigilancia, transporte, y más de una vez, cosas de las que prefiere no hablar. La droga se volvió su compañera diaria, un refugio que lo mantenía vivo… o, al menos, lo hacía
Presente
Hoy, Mateo es una sombra de lo que fue. Aún conserva algo de su antigua formación: su mente estratégica, su capacidad de observación y el temple que lo hizo buen oficial. Pero esos mismos dones ahora sirven para sobrevivir en la calle. Anda casi siempre drogado, riéndose del peligro, caminando por los barrios bajos de Los Santos como si fueran su propio mundo.
A veces, cuando el efecto baja y el silencio lo alcanza, recuerda quién fue. Recuerda los días en que volaba sobre la ciudad, sirviendo con orgullo. Pero ya no se ve capaz de volver atrás.
Ahora vive rápido, sin mirar mucho hacia el pasado, con la locura en los ojos y un vacío que lo consume lentamente.sentirlo.olvido…libertad.emprenda.