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Nombre: Olivia Parker Edad: 20 años Lugar de nacimiento: Buenos Aires, Argentina Residencia actual: Los Santos Nacionalidad: Argentina, con ciudadanía estadounidense
Biografía:
Olivia nació en Buenos Aires, en una familia sencilla y bastante unida. Su mamá, Sofía, era de esas personas que te explicaban todo con paciencia infinita, y su papá, Daniel, siempre estaba arreglando cosas, desde computadoras hasta electrodomésticos viejos. Desde chiquita, Olivia tenía una mezcla de curiosidad y sensibilidad que la hacía distinta: le gustaba hacer preguntas, pero también escuchar.
Cuando tenía 11 años, su familia se mudó a Los Santos. Fue un cambio gigante. Pasó de los colectivos porteños al caos de una ciudad donde no conocía a nadie y apenas entendía el idioma. Pero Olivia siempre tuvo una capacidad especial para adaptarse. Le costó, sí, pero nunca se quebró. Aprendió inglés rápido, hizo amigos nuevos y empezó a encontrar su lugar.
Lo que terminó de marcarla fue cuando su abuela, que seguía en Argentina, se enfermó. Olivia no pudo estar con ella, no pudo hacer nada. Esa impotencia fue un antes y un después. Ahí fue cuando supo que quería estudiar medicina. No por el título ni por el prestigio, sino para que nadie a su alrededor se sintiera tan inútil como se sintió ella.
En el colegio era aplicada, pero sin ser la típica "nerd". Participaba, ayudaba a quien lo necesitara, y tenía ese carácter que la hacía respetada, aunque no fuera la más habladora. Sus amigos siempre dicen que tiene “cara de tranquila, pero mente de tormenta”. Es observadora, muy intuitiva, y tiene una forma muy suya de estar presente sin hacer ruido.
Hoy, con 20 años, está en plena carrera de medicina. Entre guardias, clases y cafés a deshoras, sigue firme con su objetivo. Vive sola en un pequeño departamento con su perra Kala, una mestiza callejera que rescató. Cuando no está estudiando, sale a caminar por la ciudad, escribe en un cuaderno viejo o se pone a ver series de crimen que la ayudan a despejar la cabeza (aunque a veces termina analizándolas como si fueran casos reales).
Olivia mide más o menos 1.65, tiene el pelo largo y oscuro, y unos ojos marrones que, según sus amigos, parecen saberlo todo. No le gustan las cosas demasiado llamativas, siempre elige lo práctico. Va por la vida con una mochila medio rota, auriculares colgando y una botella de agua que siempre pierde.
A veces duda, claro. Se cansa, se frustra, se pregunta si está yendo por el camino correcto. Pero después se acuerda de su abuela, de su mamá, de la nena de 11 años que llegó sin saber inglés, y sigue. Porque si algo tiene Olivia, es que cuando decide algo, lo hace con el corazón entero.