Biografía Mia Johnson


  • USMS-LSCT - Orión

    Mia Johnson nació un 13 de mayo del 2000 en Houston, Texas, en el St. Joseph Medical Center. Fue la pequeña de tres hermanos. Edward era el mayor, Fergus el del medio. A Mia le tocó crecer entre dos torbellinos de energía masculina, así que desde chica se hizo fuerte. Independiente. Algo tozuda también. Su madre, Fiona, era una mujer paciente, que trabajaba como secretaria en una oficina tranquila del centro. Y su padre, Jake Johnson, un tipo recto, de esos con voz firme y mirada que imponía. Trabajaba como agente federal, en el US Marshal, y todo en él era disciplina, orden, deber. El clásico padre americano que creció con los valores de los años 70. En su casa se respiraba ese aire de familia conservadora, que cree en Dios, en el trabajo duro y en que lo correcto es lo correcto, sin muchas vueltas.

    Mia tuvo una infancia feliz, aunque no fácil. Su padre era de los que si hacías las cosas bien, todo iba bien, pero si no… ya sabías que algo te caía. Nada grave, pero se hacía notar. Su madre hacía de “poli bueno” y mantenía el equilibrio en casa. Mia era revoltosa desde chiquita. En la primaria, ya daba guerra. Le costaba concentrarse, le aburría el aula. Los profesores citaban a su madre cada dos por tres. Que si habla mucho, que si se distrae, que si contesta mal. Ella simplemente no encajaba en ese molde.

    Desde muy niña mostró un gusto raro para su edad: le gustaba la pelea, el combate cuerpo a cuerpo. A los diez, su padre empezó a enseñarle movimientos de defensa personal en el jardín trasero de casa. Y ahí sí, ahí no se distraía nunca. Era buena. Se movía con decisión. Su padre estaba orgulloso.

    Pero todo cambió cuando tenía once años. Su papá no volvió de una misión. Murió en servicio. Y ese día algo en Mia se rompió por dentro.
    El funeral fue en el cementerio nacional de Houston. Había banderas por todos lados, hombres con uniforme, y un silencio que pesaba en el aire como plomo. Mia iba agarrada de la mano de su hermano Charles, que no soltaba una sola lágrima, pero la apretaba con fuerza como si con eso pudiera sostenerla entera. Edward, con el rostro serio, no dijo una palabra en toda la ceremonia. Su madre, Fiona, temblaba por dentro aunque se mantenía firme. No había nada más triste que verla sostener el retrato de su marido mientras un oficial le entregaba la bandera doblada con esas palabras que nadie quiere oír: “En nombre de los Estados Unidos, agradecemos su servicio.”

    Mia no entendía del todo qué había pasado. Solo sabía que su papá ya no iba a volver a casa, que no habría más entrenamientos en el jardín, ni historias de fugitivos en la cena. El sonido de los tres disparos al aire —el saludo final de los marshals— le quedó clavado en la memoria para siempre. No lloró en ese momento. Se quedó en silencio, con los ojos abiertos, mirando todo como si estuviera dentro de una película que no quería protagonizar.

    Ese día, Mia dejó de ser una niña. Y aunque no se dio cuenta en ese momento, también fue el comienzo de su desconfianza hacia el mundo. A partir de ahí, algo en ella cambió. Se cerró. Se volvió más dura. Más sola.

    Durante los siguientes meses Mia y su madre se fueron al tribunal superior del estado, para ser parte del proceso judicial, de la persecución contra el Narco de origen mexicano: , que mato a su padre, Mia se quedo en el marco de que el fiscal con voz firma, y en acto de la justicia, critica en el tribunal las acciones del criminal mientras honra al héroe caído, con la petición hacia el Juez de la sentencia letal, al miembro del narco, el narco, sabia que tenia las de perder, en vez de pedir disculpas, decidió vacilar a la familia y faltar al juzgado, no tuvo muy buenos resultado, fue condenado a la silla eléctrica,

    Después de todo este problema, con el tiempo la vida de Mia y de su madre volvieron a la normalidad , son heridas que se arreglan con el tiempo.

    La adolescencia fue un caos. En el instituto, era la típica chica rebelde. Falsificaba firmas, se escapaba de clase, fumaba a escondidas. Le gustaba el riesgo, el ruido, pero también la montaña, el aire libre. Amaba correr por los senderos, cazar con su tío, pescar en ríos solitarios. Para ella, la naturaleza era su templo, su único lugar seguro.

    De hecho seguía con sus gustos al deporte, con 16 años y con el consentimiento de su madre, adquirir en Texas su primer AR-15 de 16 pulgadas, para el tiro deportivo, es algo que le gustaba,

    Cuando terminó el instituto, sorprendió a todos: decidió estudiar Derecho Penal y Criminología. Se fue a California, a la Universidad de San Diego. Nadie lo esperaba, ni ella misma. Pero necesitaba entender por qué su padre hizo lo que hizo, qué movía a la gente, cómo funcionaba la justicia de verdad.

    La universidad fue dura al principio. No encajaba. Le costaba abrirse, confiar. Pero poco a poco fue encontrando su espacio. Se hizo amiga de algunos compañeros, participó en debates, incluso sacaba buenas notas . En segundo año conoció a Liam, un chico texano como ella. Estudiaba lo mismo. Era amable, pausado. Le daba calma. Empezaron a salir. Fueron novios por un tiempo. Pero Liam no era tan fuerte como parecía. Una noche, después de una fiesta, él bebió más de la cuenta y las cosas se salieron de control. Intentó forzarla. Mia reaccionó rápido. Se defendió. Como había aprendido. Llamó al 911. Lo detuvieron.

    El caso fue complicado. Internamente en la uni, hubo de todo. Algunos hablaron mal, pero la mayoría la apoyó. Profesores, amigos. La Fiscalía no presentó cargos. Pero la herida quedó. Mia ya era desconfiada… después de eso, lo fue aún más.

    En su último año de carrera conoció a James Blackwood, un militar del USMC. Fue de las pocas personas que logró entrar en su mundo. Él no la presionaba, no buscaba arreglarla, solo la acompañaba. Estuvieron juntos unos meses. Y cuando por fin empezaba a creer que podía confiar en alguien… James murió. Un accidente durante un entrenamiento con fuego real. Un error de otro soldado. Otra pérdida. Otro golpe.

    Después de graduarse en el 2022, volvió a Texas. Consiguió trabajo como asistente del fiscal. Revisaba casos, entrevistaba testigos, preparaba informes. Se metía hasta el fondo en cada expediente. Le gustaba el trabajo, pero no la rutina. Y Houston ya no era su lugar. esto duro 3 años 2022-enero del 2025,

    Entonces le escribió Edward, su hermano mayor, que ahora vivía en Los Santos, San Andreas. Le dijo que se fuera con él, que cambiara de aires. Y eso hizo. Empacó sus cosas, dejó la oficina, hablo con el fiscal encargado de la sección agradeciendo a el por el empleo y por la oportunidad, y el fiscal: Frank Denver, mientras que el fiscal, le desea lo mejor a su futuro.

    Esa misma noche, Mia, se fue a un Bar a tomar algo, se tomo un par de copas de mas, un chico, lo quiso llevarla forzadamente para hacer sus fines, no éticos,
    Mia se resistió y este saco una navaja a amenazarla, con la poca fuerza que tenia y el efecto de alcohol saco su resolver del 45, que tenia dentro de la chaqueta del cuero, y sin pensarlo mas disparar al sujeto afroamericano 3 tiros en el estomago, dejando a este en el suelo, la gente que estaba dentro de ese bar, salieron y llamaron al 911, paso unos meses hasta que se investigo todo, y la D.A decide no denunciarla,

    Desde ese entonces lo primero que hizo fue comprar el billete de vuelta y ir a Los Santos, en unas horas de vuelo, llego, y allí estaba su hermano mayor para recibirlo,

    Hoy, Mia vive en Los Santos. No sonríe mucho, pero cuando lo hace, es de verdad. No confía fácil, pero si te gana, es leal hasta el final. Es fuerte, decidida, con cicatrices que no esconde. Su historia no es perfecta, pero es suya. Y todavía le queda mucho por escribir.


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