Bastian Santoro



    • NOMBRE COMPLETO: Bastian Santoro

    • EDAD: 22

    • LUGAR DE NACIMIENTO: Bogotá Colombia

    • NACIONALIDAD: Colombo-Mexicano

    • SEXO: Hombre.

    • PADRES: [Eduardo Jaramillo - Colombiano - Sociólogo y escritor.][Lucia Santos - Mexicana - Licenciada en filosofía y trabajadora social].

    • APARIENCIA FÍSICA: 1.82 m, ojos color miel, cabello color negro, piel blanca algo bronceada.

    • PERSONALIDAD: Persona amigable, considerablemente impulsiva, solidaria y empática, bastante conversador y hábil orador.

    • INFANCIA: Nacido en la ciudad de Bogotá, Colombia, del amor de un colombiano y una mexicana que se conocieron por contextos de la lucha según acostumbraban a decir, al igual que cuando explicaban el porque de mi nombre que nada tenia que ver con México o Colombia y menos con la cultura latinoamericana, pues este venia del lejano Italia por una inspiración impulsada por “la lucha”… y vaya que era una inspiración grande porque hasta mi apellido era distinto al de ellos.

    • Crecí en una familia bastante normal, no nos faltaba nada, pero tampoco ostentábamos de grandes millonadas o beneficios de alta clase, pues en si, según entendía yo en mis primeros años habitando este mundo, mi madre y padre se dedicaban a ayudar a las personas sin esperar nada a cambio, algo así como un super héroe sin poderes.

    • Cumplidos los 11 mi madre decidió mudarse de vuelta a México, exactamente a Sinaloa por temas laborales, por lo visto era un doctora bastante reconocida o eso era lo que me decían los demás y claramente lo creía como aquel niño que admira fielmente a sus padres; a los pocos meses mi madre me llevo con ella, mientras mi padre continuaba en Colombia yo iba en camino a descubrir el mundo de mama, vaya sorpresa me lleve cuando me enteré que en realidad los negocios de mi madre eran con algunos grupos insurgentes de México y quien en verdad dirigía algunos de esos temas era mi padre, pero nunca llegue a saber demasiado, había un secretismo y misterio en sus reuniones, las cuales nunca podía presenciar.

      • JUVENTUD: Estuve hasta los 19 años en México con mi madre, aprendiendo de la historia de México y de este grupo que con el tiempo paso de ser una insurgencia a ser “camaradas” y por ende, yo un militante más, término que usaban para referirse a los que estaban en la lucha por su idea de igualdad y equidad bajo lo común, conocimiento que me otorgo un lugar valioso entre las comunidades pertenecientes a la “plebe” como uno de sus más importantes defensores y me permitieron aprender tanto de su historia y cultura que desperté una rara atracción por las culturas indígenas y como coincidencia del destino, mi padre termino conociendo más de este tema de lo que yo esperaba y vaya que me lleve una sorpresa cuando conocí la historia de nuestra familia y que esos aires a izquierda solo estaban en nosotros dos.
    • Volví a Colombia antes de cumplir los 20 años junto a mi padre con esa necesidad de conocer finalmente cual era el misterio en sus reuniones y que era eso tan importante que nos diferenciaba de nuestros otros familiares, por lo cual después de llegar a Bogotá e iniciar un viaje rural programado por mi padre a través de corregimientos, montañas y ríos por varios días, mi padre me dio a conocer la historia de donde veníamos, de donde había nacido ese deseo de lo que conocía como revolución, que somos y en que estábamos por convertirnos; Jamás pensé que mi padre tuviera una historia tan compleja y ridícula que me seguía fascinando… Acababa de descubrir que mi amor por la historia indígena no solo era pasión, era destino y que estaba por iniciar un viaje de solo ida para no dejar morir una tradición de cientos de años y mantener viva una parte de aquella cultura precolombina de la cual mi padre me hizo ser parte.

    Cumplí los 22 y el iraca solo me entrego un boleto de avión, unas hojas de coca para el camino, un libro y la bendición de Sue, por lo visto ese día iniciaba el verdadero viaje hacia nuestro renacimiento… uno que ya no me motivaba tanto, y por supuesto, el viejo haciendo honor a la frase “mas sabe el diablo por viejo que por diablo”, había notado el cambio en mi discurso, en mis acciones, en mi ser, notando que mis ideas habían tomado un camino algo más oscuras, no refiriéndose a maldad, podríamos decir que refiriéndose un poco mas anarquistas… pues si, al final me decante por esta ideología, una que iría construyendo paso a paso, pero que desde un inicio venia con ese impulso nihilista que no aprendí por libros, si no por impaciencia y radicalidad. El viejo me dijo antes de irme que mi vida solo me pertenecía a mí, a nadie más, que yo decidiría como funcionaria, que ninguna tradición debía frenarme de lo que pensara o hiciera, palabras que me sorprendieron pero que tomaría sin pensarlo, porque de eso se trata, ¿no? Somos seres individualistas, lo único que en verdad podemos manejar es a nosotros mismos y por ende se basa en nuestro YO el nivel al que podamos llegar como seres, pues bueno… eso lo descubriría en mi nuevo destino.

      • ACTUALIDAD: Aterricé en esta nueva ciudad, algo asustado de llegas a los Estados Unidos de América… no podemos olvidar que milite en una organización no muy a fin de los intereses de este país, sin embargo tengo fe en que alguien llamado “Bastian Santoro” no sea el perfil más identificable en este nuevo territorio, pero bueno, sin muchas expectativas inicialmente más que buscar una forma de sobrevivir, la idea de expropiar bienes a quienes gozaban de ellos era tentadora, pero mi lado social también me pedía estar con los de abajo, por lo cual también conseguí un trabajo “legal” por una remuneración mediocre donde podría estar al lado de esa gente que antes era la clase trabajadora y para mí, ahora es la clase oprimida; No se confundan, no pienso dármelas de Mesías o de buen hechor para darle migajas a la gente o a mi mismo, soy ambicioso, no lo puedo negar, no con el objetivo de acumular, si no de hacerlo todo a lo grande, contundente, al máximo nivel de mis capacidades, no pienso volverme pastor o montar un convento, pero si me encargare de compartir ese individualismo y entendimiento del mismo, que le del por c*lo a todo lo establecido, el miedo estuvo de nuestro lado por mucho tiempo, entonces que ahora lo tengan ellos, los poderosos, los opresores, el enemigo real y tomare cualquier oportunidad que tenga para golpear a ese enemigo que jode mi existencia ahora.
    • EDUCACIÓN: Bachillerato culminado, educación no certificada en educación, historia y antropología.



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    Aterricé en esta nueva ciudad, algo asustado de llegas a los Estados Unidos de América… no podemos olvidar que milite en una organización no muy a fin de los intereses de este país, sin embargo tengo fe en que alguien llamado “Bastian Santoro” no sea el perfil más identificable en este nuevo territorio, pero bueno, sin muchas expectativas inicialmente más que buscar una forma de sobrevivir, la idea de expropiar bienes a quienes gozaban de ellos era tentadora, pero mi lado social también me pedía estar con los de abajo, por lo cual también conseguí un trabajo “legal” por una remuneración mediocre donde podría estar al lado de esa gente que antes era la clase trabajadora y para mí, ahora es la clase oprimida; No se confundan, no pienso dármelas de Mesías o de buen hechor para darle migajas a la gente o a mi mismo, soy ambicioso, no lo puedo negar, no con el objetivo de acumular, si no de hacerlo todo a lo grande, contundente, al máximo nivel de mis capacidades, no pienso volverme pastor o montar un convento, pero si me encargare de compartir ese individualismo y entendimiento del mismo, que le del por c*lo a todo lo establecido, el miedo estuvo de nuestro lado por mucho tiempo, entonces que ahora lo tengan ellos, los poderosos, los opresores, el enemigo real y tomare cualquier oportunidad que tenga para golpear a ese enemigo que jode mi existencia ahora.
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  • Cumplidos los 11 mi madre decidió mudarse de vuelta a México, exactamente a Sinaloa por temas laborales, por lo visto era un doctora bastante reconocida o eso era lo que me decían los demás y claramente lo creía como aquel niño que admira fielmente a sus padres; a los pocos meses mi madre me llevo con ella, mientras mi padre continuaba en Colombia yo iba en camino a descubrir el mundo de mama, vaya sorpresa me lleve cuando me enteré que en realidad los negocios de mi madre eran con algunos grupos insurgentes de México y quien en verdad dirigía algunos de esos temas era mi padre, pero nunca llegue a saber demasiado, había un secretismo y misterio en sus reuniones, las cuales nunca podía presenciar.
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    Estuve hasta los 19 años en México con mi madre, aprendiendo de la historia de México y de este grupo que con el tiempo paso de ser una insurgencia a ser “camaradas” y por ende, yo un militante más, término que usaban para referirse a los que estaban en la lucha por su idea de igualdad y equidad bajo lo común, conocimiento que me otorgo un lugar valioso entre las comunidades pertenecientes a la “plebe” como uno de sus más importantes defensores y me permitieron aprender tanto de su historia y cultura que desperté una rara atracción por las culturas indígenas y como coincidencia del destino, mi padre termino conociendo más de este tema de lo que yo esperaba y vaya que me lleve una sorpresa cuando conocí la historia de nuestra familia y que esos aires a izquierda solo estaban en nosotros dos.
    Volví a Colombia antes de cumplir los 20 años junto a mi padre con esa necesidad de conocer finalmente cual era el misterio en sus reuniones y que era eso tan importante que nos diferenciaba de nuestros otros familiares, por lo cual después de llegar a Bogotá e iniciar un viaje rural programado por mi padre a través de corregimientos, montañas y ríos por varios días, mi padre me dio a conocer la historia de donde veníamos, de donde había nacido ese deseo de lo que conocía como revolución, que somos y en que estábamos por convertirnos; Jamás pensé que mi padre tuviera una historia tan compleja y ridícula que me seguía fascinando… Acababa de descubrir que mi amor por la historia indígena no solo era pasión, era destino y que estaba por iniciar un viaje de solo ida para no dejar morir una tradición de cientos de años y mantener viva una parte de aquella cultura precolombina de la cual mi padre me hizo ser parte.
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    Fue la última vez que vi a mi padre, parte del camino que decidí tomar incluía no volver a hablar con nadie de mi pasado a menos que fuera extremadamente necesario o mi objetivo estuviera completado, la última orden por su parte fue que tomara un vuelo y llegara a ese país donde entendería un poco más de nosotros y que tendré que hacer y ser a partir de ahora, que él se encargaría de que no me faltara nada por un tiempo y no tuviera obstáculos que intervinieran en mi objetivo, perdón, nuestro objetivo, porque mi vida ya no me pertenecía, ahora le pertenecía a mi pueblo, Mi viaje solo duro 2 años, donde la mayor parte del tiempo la viví en algunas zonas rurales en Perú, Bolivia y creo que en algún momento volví a Colombia, la verdad no estoy seguro, se supone que debería desaparecer y por ende se volvió costumbre viajar entre montañas guiado por mi Iraca, el guía espiritual que había sido elegido para mi… el viejo no tan viejo era aburrido pero le agradezco bastante todo lo que me enseño y la guía que me brindo para ser parte de este movimiento, del cual después de un tiempo, empecé a dudar y cuestionar sus formas y motivos…
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    Cumplí los 22 y el iraca solo me entrego un boleto de avión, unas hojas de coca para el camino, un libro y la bendición de Sue, por lo visto ese día iniciaba el verdadero viaje hacia nuestro renacimiento… uno que ya no me motivaba tanto, y por supuesto, el viejo haciendo honor a la frase “mas sabe el diablo por viejo que por diablo”, había notado el cambio en mi discurso, en mis acciones, en mi ser, notando que mis ideas habían tomado un camino algo más oscuras, no refiriéndose a maldad, podríamos decir que refiriéndose un poco mas anarquistas… pues si, al final me decante por esta ideología, una que iría construyendo paso a paso, pero que desde un inicio venia con ese impulso nihilista que no aprendí por libros, si no por impaciencia y radicalidad. El viejo me dijo antes de irme que mi vida solo me pertenecía a mí, a nadie más, que yo decidiría como funcionaria, que ninguna tradición debía frenarme de lo que pensara o hiciera, palabras que me sorprendieron pero que tomaría sin pensarlo, porque de eso se trata, ¿no? Somos seres individualistas, lo único que en verdad podemos manejar es a nosotros mismos y por ende se basa en nuestro YO el nivel al que podamos llegar como seres, pues bueno… eso lo descubriría en mi nuevo destino.
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    Aterricé en esta nueva ciudad, algo asustado de llegas a los Estados Unidos de América… no podemos olvidar que milite en una organización no muy a fin de los intereses de este país, sin embargo tengo fe en que alguien llamado “Bastian Santoro” no sea el perfil más identificable en este nuevo territorio, pero bueno, sin muchas expectativas inicialmente más que buscar una forma de sobrevivir, la idea de expropiar bienes a quienes gozaban de ellos era tentadora, pero mi lado social también me pedía estar con los de abajo, por lo cual también conseguí un trabajo “legal” por una remuneración mediocre donde podría estar al lado de esa gente que antes era la clase trabajadora y para mí, ahora es la clase oprimida; No se confundan, no pienso dármelas de Mesías o de buen hechor para darle migajas a la gente o a mi mismo, soy ambicioso, no lo puedo negar, no con el objetivo de acumular, si no de hacerlo todo a lo grande, contundente, al máximo nivel de mis capacidades, no pienso volverme pastor o montar un convento, pero si me encargare de compartir ese individualismo y entendimiento del mismo, que le del por c*lo a todo lo establecido, el miedo estuvo de nuestro lado por mucho tiempo, entonces que ahora lo tengan ellos, los poderosos, los opresores, el enemigo real y tomare cualquier oportunidad que tenga para golpear a ese enemigo que jode mi existencia ahora.


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