James Howland



  • Nacido en Julio de 1996 en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, como James Howland.

    Su madre, Anna Smith, una chica de apenas treinta años de origen canadiense, conoció durante una fiesta veraniega, en 1987, a un joven llamado Charles, de su misma edad. Ambos se conocieron gracias a una amiga en común de la época universitaria de Anna, y vieja amiga de la infancia de Charles, Megan.

    Su padre, Charles Howland, era el dueño de un restaurante al lado de la playa, negocio familiar desde hace más de 40 años. Trabajaba de sol a sol, casi sin descanso, por tal de sacar adelante el negocio y conseguir hacer el suficiente dinero como para poder pensar en sentar la cabeza, casarse y tener hijos.

    Los años posteriores siguieron conservando esa bonita amistad, que poco a poco iba encendiendo algo más dentro de cada uno. Viajes de un lado al otro del mundo, fotos, correspondencia… Todo iba viento en popa y decidieron formalizar su relación el 23 de julio de 1992.

    Esto es debido a que Charles decide dejar el negocio, debido a causas económicas, y se muda a Chicago, en busca de un nuevo horizonte de logros.

    Tras unos meses, encuentra un trabajo bastante bueno en uno de los mejores restaurantes de la ciudad, como encargado de sala.

    Tras hablar durante varios meses deciden que quieren intentar ser padres. Lo intentaron primero de forma natural, pero no les funcionó. Consultaron a profesionales varios, y probaron varias técnicas y terapias. Fue tras 1 año y poco que sus esfuerzos dan frutos. Anna estaba embarazada de un varón.

    Nació con un peso de casi 4 kilos y 60 centímetros de estatura. Su piel era muy blanca, haciendo que resaltasen de forma notable sus ojos de color castaño. Su cuerpo era más grande de lo habitual en recién nacidos.

    En los primeros años de su vida fue criado en un ambiente muy cristiano, y eso hizo que el mismo creciera siendo firme creyente. Debido a esto y que su familia no era de muy alto poder adquisitivo él no fue a la guardería. Su madre lo criaba en casa, mientras que su padre trabajaba todo el día.

    Ser criado en el hogar ocasionó que hiciese pocos amigos en su etapa infantil; niños del barrio, algún amigo en sus viajes al pueblo de la playa donde vivía Charles (Los Santos), y poco más. Le costaba abrirse a los demás niños, y generó una forma de ser muy egocéntrica. No lo hacía con maldad, era un niño muy bueno, servicial como pocos y seguro de él mismo, pero bocazas y torpe en demasía, aunque él no quería admitirlo.

    Durante la escuela elemental demostró que era un niño muy inteligente y aplicado. Sus notas siempre estaban entre las mejores del curso. Esto, sumado al hecho de su torpeza, le acarró más de un problema con otros niños de la escuela, que le tenían como objetivo de sus burlas.

    En casa, se la pasaba todo el día estudiando o viendo series policíacas en televisión como 21 Jump Street. Aunque no les gustaba, su familia entendía que para él era descubrir algo nuevo, por lo que no le decían nada siempre y cuando siempre cumpliese con sus deberes, escolares y religiosos.

    Pero todo eso cambiaría de forma drástica una noche de abril de 2001.

    La relación con su padre se había deteriorado. Prácticamente no hablaban debido a que Juan llegaba muy tarde a casa, normalmente apestando a alcohol y tabaco. Pero aquella noche no apareció.

    Rondaban cerca de las diez de la noche cuando sonó el timbre. Eran dos agentes de policía. Anna en un principio estaba desconcertada y nerviosa. Sus palabras salían de forma fugaz de entre sus labios. Los agentes la calmaron y, tras un silencio que se hizo eterno hablaron

    Señora, hemos venido para darle una noticia. Hemos encontrado a su marido fallecido en medio de la calle. La causa de la muerte parece ser que es una intoxicación etílica.
    Él escuchó esa frase desde el otro lado de la puerta de la cocina y salió al comedor estupefacto. El miedo se dibujaba de forma clara en su rostro.

    Su madre lo abrazó corriendo, ambos totalmente destruidos. Pero en el fondo sabía que debía ser fuerte, por su madre, por su familia. Aquella noche rezó con una tristeza tremenda en el corazón. Pidiendo que el Señor mantuviese a su padre en su bondad y misericordia.

    A partir de ese momento muchas cosas cambiaron. James seguía siendo un estudiante ejemplar, pero comenzó a ser visto y comportarse como el payaso del colegio. Solo quería llamar la atención, por lo que no se propasaba, pero esto hizo que sus compañeros fuesen todavía más crueles con él.

    Su relación con los niños del barrio y la escuela se volvió turbia. Muy pocos eran los que se acercaban a él sin afán de hacerle burla o propinarle algún golpe.

    Con 10 años les dijo a su familia que quería ser policía. Ellos le animaron con mucho amor, aun sabiendo en el fondo que era muy difícil que lo consiguiese. Empezó a jugar baloncesto, pero jamás pudo jugar ninguno de los partidos que el equipo infantil disputaba.

    Poco a poco entraba en la pubertad, se empezó a interesar en las chicas, intentando actuar de forma interesante y atrayente delante de las que le gustaban, pero no consiguió nada más que comentarios de todo tipo, sobre su torpeza, su forma de hablar, y muy pocos eran expresados de forma amable.

    Fue una época muy difícil para él, pasar de la escuela elemental a la secundaria. Se sentía el raro de la clase. Todo estaba separado por grupos, y él se encontraba solo. Así que se apuntó al club de ajedrez del instituto.

    Con sus nuevos compañeros y amigos aprendió a jugar al ajedrez, pues ya había aceptado que el deporte no era lo suyo. Era muy bueno en aquél juego. Tanto que ganaron el campeonato interescolar de ajedrez durante los dos primeros años de instituto.

    Seguía siendo uno de los mejores estudiantes de la escuela, y sus profesores estaban encantados. Su sueño de ser policía, poco a poco, empezó a convertirse en una meta, un objetivo, y estaba dispuesto a conseguirla fuera como fuera.

    La relación con su familia durante la adolescencia seguía siendo muy buena, aunque diferente. Su madre se mantuvo firme en sus creencias religiosas, y él, como buen hijo, la acompañaba en todo momento, siendo su apoyo.

    Con 13 años tenía una carrera estudiantil brillante. Pero su vida social era un desastre. Seguía siendo el payaso del colegio, sus compañeros seguían haciéndole burla. Un día tras otro. Pero él lo tenía asumido, por lo que pasaba sus días sin pena ni gloria.

    Lo único que rescataba de su adolescencia eran las semanas de vacaciones. Esa época la pasaba principalmente en Los Santos, por lo que su español mejoró a un nivel tan alto que muchos se pensaban que era nativo hispano y se sorprendían al saber que él nació y creció en Chicago.

    Recuerda el día de su decimocuarto cumpleaños con especial cariño. Toda su familia en España, junto a varios niños del barrio pasaron el día en un parque de atracciones, por la noche se fueron a acampar al bosque, haciendo una fogata enorme y cantando mientras comían nubes de golosina. Aquél fue para Charles el mejor día de su corta vida.

    Los meses fueron pasando muy veloces. Él se dedicaba en cuerpo y alma al estudio, a sus creencias y, en gran medida, al ajedrez. Los últimos años de la escuela media no le trajeron ningún cambio a su vida a corto plazo. Todo iba como siempre desde que murió su padre.

    Al graduarse empezó a investigar cómo ser policía en su ciudad. Descubrió que a los 19 años ya podría intentar acceder, por lo que empezó a seguir una intensa rutina de entrenamiento: Iba al gimnasio cinco días a la semana. Los 2 restantes eran los días continuaba con práctica de ajedrez.

    Todo esto mientras seguía estudiando, y a su vez trabajaba como repartidor de periódicos por toda la ciudad.

    Poco a poco ganaba la forma física necesaria para poder presentarse a las pruebas de acceso, a la vez que su cerebro se volvía más y más ágil. Físicamente no cambió demasiado, su característica corpulencia se mantenía, y su peinado seguía siendo el mismo. Pero sus ojos fueron poco a poco perdiendo ese brillo infantil.

    Su personalidad egocéntrica se tornaba más humorística y acentuada al pasar de los años, pero a nadie parecía molestarle en lo absoluto. Todos le tenían aprecio en su trabajo. Desde su jefe, John Feldmann, a la recepcionista.

    Tras trabajar dos años y unos pocos meses como repartidor, con 18 años, decidió centrarse por completo en su preparación para las pruebas de policía. Abandonó el trabajo y volcó su vida enteramente al entrenamiento físico y al estudio de código civil, leyes y otras áreas de conocimiento que necesitaría para poder acceder a la policía.

    En el gimnasio conoció a varios chicos con su mismo objetivo, por lo que formó poco a poco una buena amistad con ellos, lo que hacía que diese el cien por cien de su capacidad en cada entreno.

    Un día mirando el noticiero vio que en el sitio donde había pasado tanto tiempo en su infancia (Los Santos) habían abierto oposiciones , y decidió tomar el riesgo de ir y continuar ahí su historia.


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