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[Blog de actividad] Global Motors



  • GLOBAL MOTORS

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    El nacimiento de Global Motors tiene que ver con los problemas de necesidad por parte de la ciudadanía para encontrar un servicio de mecánica competente, profesional, resolutivo.
    Tras mucho tiempo estudiando la manera de trabajar de diferentes talleres mecánicos nos dimos cuenta de cuales eran los problemas reales y por qué fallaban. Una mala atención, faltas de educación, falta de profesionalidad, ausentismo laboral, facturas elevadísimas, empleados descontentos con su trabajo y sobre todo falta de actitud, donde importa más hacer dinero que atender bien al cliente.

    FUNDACIÓN

    Tras darse cuenta de todo esto, 4 amigos: Pirlo Russo, Jose Baez, Paul Harris y Talion Drachenblaut tomaron una decisión formar su propio negocio que harían funcionar como nadie. Quizás esta decisión fue algo tardía para cómo están las cosas últimamente con el tema de las concesiones de talleres (17/09/21), sin embargo siguen trabajando para conseguirla ya que saben que lo que pueden aportar a nivel laboral a los ciudadanos es interesante para ayudar al gobierno a solventar problemas con las cifras en cuanto a desempleo se refiere.

    DEDICACIÓN

    Solo hay que pasarse por el taller para ver que la manera que tienen los chicos de trabajar es muy diferente a la de otros talleres, son mucho más meticulosos y realizan las labores con el tiempo que se necesite para que lo que pide el cliente quede perfecto. No se tolera hacer cosas a las prisas o de mala gana, esa forma de trabajar no entra dentro de nuestra política de taller.

    RELACIONES

    Gracias a nuestro estatus alcanzado con otras empresas los miembros del taller cuentan con numerosos contactos con los que en el futuro podrían hacer negocios, sin embargo deben esperar a la concesión de un taller propio para firmar el acuerdo de los mísmos.

    CONCESION

    Paul Harris, miembro de la junta directiva, cuenta con otra empresa llamada Darnell Bros, una fábrica textil ubicada en Popular Street, La Mesa. Por este motivo están luchando por una concesión medianamente cercana a este punto para así agilizar las relaciones comerciales gracias a su proximidad. Este siempre luchó además de Pirlo, desde los inicios por conseguir la concesión del taller ubicado en La Mesa, al lado de la fábrica, sin embargo este parece ocupado por otro taller fantasma. Es por esto que actualmente se lucha por conseguir el local situado en Mirror Park ya que es el siguiente punto más cercano.

    Esta es nuestra historia actual, a partir de aqui, se subirán posts mostrando la actividad del taller.

    BLOG DE ACTIVIDAD



  • Luces de colores


    “Miré a mi alrededor y no encontré el auto de mis sueños por lo que decidí construirlo yo mismo” - Ferdinand Porsche.


    Empezaba un día soleado en la zona Este de Los Santos. El taller de Mirror Park cada día que pasaba, más nos arropaba con sus brazos, cada compañero se sentía más cómodo al cambio y lo mejor, más activo. en cuanto a la cartera de clientela que empezábamos a mover.

    Un nuevo encargo estaba esperando a las puertas, y es que había que rehacer un panel de instrumentos de un vehículo digamos... bastante mimado, así que habría que cuidarlo como si fuese de uno mismo, aunque bueno, estamos acostumbrados en Global Motors a trabajar y cuidar el vehículo de nuestros clientes como si fuese nuestro.


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    Empezamos por lo principal y era desmontar el cuadro de instrumentos original del vehículo, el típico que marca con las agujas la velocidad, revoluciones, nivel de combustible... todo eso. Era una tarea sencilla, pero una vez despiezado empezaba el trabajo de verdad.


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    Conseguimos una pantalla LCD de unas 15'' aproximadamente, un puñado de luces LED y unos cuantos elementos más para hacer funcionar y dar funcionalidad a todo el sistema. Fueron horas de trabajo, cortando planchas metálicas para realizar un buen soporte para la pantalla y sus LED's, insertando uno a uno, como si de inserciones de diamante se tratasen. Era una obre maestra, casi de joyería lo que estábamos haciendo, lo que para nosotros, mucho más divertido y pasional.


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    Habíamos acabado el trabajo y la verdad, no quedó ni como esperábamos. Alucinante eran pocas palabras para definir el resultado final y los detalles que le proporcionamos al cliente en su nuevo tablero. Luces por todos lados, indicadores digitales, toda la monitorización disponible en una pantalla LCD de gran calidad. Seguro que disfrutará como un crio con un juguete nuevo y pasará horas sentado en su asiento deportivo, iluminando su rostro con todo ese colorido en el sistema de instrumentos.


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  • Asistencia 24h


    "La recompensa por el trabajo bien hecho, es la oportunidad de hacer más".


    Todavía no había amanecido en Los Santos cuando recibimos el aviso del ayuntamiento para solicitar nuestra asistencia debido a un accidente: un joven chico que se dirigía a su trabajo como cada mañana, había tenido un altercado en una vía cerca de paleto. Cuando nos enteramos del suceso agarramos nuestra grúa y nuestras herramientas a toda prisa y nos dirigimos hacia el lugar tan pronto como nos fue posible.


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    Llegamos y allí estaban el coche y su dueño, no sé quien de los dos se veía más destrozado, al parecer no era ni su propio coche sino que era el coche que le habían dejado sus padres para poder ganarse la vida. Estuvimos un rato tratando de calmarle, tranquilizándole y haciéndole ver que lo importante era que él se encontrase bien. Una vez se quedó más tranquilo, enganchamos el coche a la grúa y lo llevamos al taller para hacerle las reparaciones pertinentes al coche del chico. El golpe había sido bastante grave, el motor había quedado tocado y había perdido una puerta.
    Por suerte, justo esa semana nos habían llegado recambios para ese modelo y nos pusimos manos a la obra.


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    D. y yo pusimos todo nuestro empeño porque el chaval pudiera volver a ir a trabajar como cada mañana y como siempre, lo volvimos a lograr. Tras terminar quedamos con el para devolverle el vehículo. Solo había que ver su cara de alegría para recordarme por qué decidí emprender en este negocio.



  • Los primeros días en el taller


    Después de ser contratado en el taller, Franco Herrera comenzó a trabajar a gusto y muy cómodo con sus compañeros, ellos le instruyeron en los protocolos del taller para que pueda acostumbrarse lo más rápido posible.
    El día paso volando con clientes entrando y saliendo del taller hasta que llego la noche. Los turnos nocturnos se hacían algo largos pero pequeñas conversaciones casuales ayudaban a pasar el tiempo.

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    Franco había pasado todos estos días conduciendo un auto rentado que lo estaba volviendo loco por lo que su primera misión después de conseguir un trabajo estable fue conseguir un auto divertido de conducir, esto lo llevo a recorrer toda la ciudad hasta que encontró un anuncio de un señor de avanzada edad que estaba vendiendo su querido Sabre turbo, el trato fue cerrado y Franco regreso al taller con un proyecto en mano.

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    El turno nocturno había terminado y Franco estaba listo para trabajar en su propio auto
    Franco deja el auto frente al taller y levanta el capó del auto
    El compartimiento de motor se ve algo sucio pero esta en muy buena condición para los años que tiene
    Franco toma el medidor de aceite.
    Este indica que el nivel de aceite está un poco bajo, pero no presenta señales de desgaste interno del motor.

    Jose Baez estaba en el mismo turno y decidió ayuda, con un par de llaves Stanley, ajustaron la correa dentada para evitar cualquier soltura.

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    Franco busca un colector de aceite y lo desliza debajo del auto para luego quitar el seguro de aceite y dejar que caiga.
    En su mayoría el aceite caía en el recipiente plástico pero algunas gotas caen en el suelo.

    Cuando terminó el proceso, regresó el seguro a su lugar y quitó el colector plástico dejándolo a un lado.

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    Franco trajo dos botellas de aceite nuevo y comenzó a verter aceite en el auto, tras asegurarse de que el nivel era optimo el Sabre estaba listo. El auto aun necesita trabajo pero estos cambios aseguraban la salud del motor y eso era más que suficiente.

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  • Nubes grises


    “El sol no se ha puesto aún por última vez.” - Tito Livio.


    Todo el esfuerzo tiene su recompensa, pero tal como vienen las cosas, también se van, y es que... nos había costado integrarnos en el taller de Mirror Park después de conseguir mudarnos desde el taller público del puerto. Era un salto de calidad tanto profesional como personal para todos los integrantes de la empresa. Aspirábamos a más y necesitábamos ese empujón para conseguir nuevos retos y una mejor clientela.

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    Las instalaciones pasaron a ser compartidas por dos empresas del mismo sector automotriz. Los primeros días tuvimos algún que otro mal entendido con los nuevos compañeros de oficio ya que, había mucho mecánico en tan pocos metros cuadrados para la afluencia de gente que se disponía a entrar al taller. Había una cartera de clientes un poco selecta y con ello se nos abrieron los ojos, parecía que todo este tiempo atrás habíamos estado viviendo debajo de la tierra, en un bunker o similar.

    Mirror Park era la cara opuesta de la moneda, aquello rebosaba de vida, de naturaleza... podías incluso respirar tranquilamente sin pensar en la contaminación ambiental del puerto. Todo aquello nos abrió el apetito y entrábamos cada día a nuestra jornada laboral con hambre de afrontar una nueva reparación como un reto para nuestras habilidades o incluso, simplemente el hecho de satisfacer al cliente con un cambio de color o unas piezas nuevas para su vehículo, aquello nos llenaba de felicidad.


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    Los días pasaban con largas jornadas laborales partidas en turnos de 8 horas. La facturación subía de forma exponencial dado el grato servicio que brindábamos. Los encargados estaban más y más contentos al ver que los números salían a flote y que toda su plantilla de mecánicos iba consiguiendo los objetivos fijados, pero también por otra parte, más y más agobiados por intentar conseguir mantener unas instalaciones óptimas para que todo su personal pudiese llevar de forma correcta y segura sus actividades laborales.


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    El ministro de trabajo ojeaba distante de forma aleatoria nuestra labor, de igual forma que a los demás compañeros de oficio, e iba dando un giro de tuerca para poner las cosas cada vez más difíciles. Teníamos el balón fuera de casa, estábamos entre la espada y la pared como aquél que dice. Sin comerlo ni beberlo, llegamos a una situación de estrés mental de forma continua.

    Queríamos demostrar todo nuestro talento, potencial y ganas de trabajar que cada segundo que pasábamos en el taller era una prueba ya que, ansiábamos la posibilidad de poder adquirir con el tiempo nuestra propia concesión. Parecía un cuento de hadas, un sueño inalcanzable, pero con sudor y sacrificio pensábamos todos juntos que lo llegaríamos a lograr.


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    Llegó el día, no queríamos que sucediera, incluso llegamos a pensar que era una broma, que estábamos delante de un espejismo o dentro de nuestra peor pesadilla jamás soñada. La empresa colindante consiguió la concesión de aquellas instalaciones donde estábamos trabajando de forma productiva.

    Era hora de marchar de allí, agradecer su trato, hospitalidad y desearles lo mejor en esa nueva etapa que iban a vivir aún qué en cambio, nosotros íbamos a volver a una etapa gris, oscura, donde no queríamos volver sin haber conseguido nuestro objetivo. Con este cambio de rumbo, las cosas se nos ponía muy cuesta arriba, si ya de por si estaba siendo difícil la carrera, ahora habíamos pinchado y se nos encendieron todas las luces del cuadro.


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    Estábamos que no sabíamos que hacer, y tampoco recibimos muchas indicaciones de que poder hacer. De un momento a otro, nos encontramos literalmente con una mano delante y otra atrás, casi en pañales y con la moral por los suelos. Todo el equipo técnico intentó remontar el suceso cogiendo la grúa e intentando buscar algún taller sin concesión recibida para así volver a hospedarnos de forma amistosa y profesional para poder hacer lo que mejor se nos da, arreglar vehículos y hacer felices a sus dueños.


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    Tocó volver bajo tierra, donde nadie sabe que existes, donde todo empieza pero también puede acabar, donde la esperanza ya se pierde de vista en el mar de dudas que hay alrededor. No teníamos muchos recuerdos bonitos que digamos del taller del puerto, pero era el único lugar donde podíamos estar para ejercer nuestra profesión. Para los clientes aquella zona es como si fuese una planta de residuos, apestosa e inexistente en ningún mapa geográfico.


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    Después de esta jarra de agua fría vertida sobre nuestras cabezas, a lo único que nos podemos aferrar, es a los encargos que al menos el gobierno y la centralita nos envía de tanto en tanto. Seguiremos haciendo nuestro trabajo de la forma más profesional pero, las fuerzas se van agotando día tras día, sin un rumbo que seguir, sin una meta que cumplir... solos, con una grúa sin nada que remolcar, ni tornillos ni tuercas que apretar con las herramientas.

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  • Luz al final del túnel


    “No mires si tu vaso está medio lleno o medio vacío. Mira cuánta luz hay en el vidrio.” - Fabrizio Caramagna


    Encargos, encargos y más encargos de la centralita, era el único trabajo al que optábamos en el puerto. Haciendo muchos kilómetros al día, recogidas cerca de Paleto Bay, reparaciones en Elysian Island y vuelta a dejar el vehículo en Sandy Shore. Cada ruta nos llenaba lo justo el bolsillo, para un par de tragos y algo que llevarnos a la boca, tanto nosotros como la grúa, que también come, y demasiado.

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    El ambiente mediocre de la zona nos estaba comiendo internamente poco a poco. El desierto estaba incluso más vivo que el puerto. El sonido de las olas romper contra el muelle cercano y las gaviotas era la única conversación que se mantenía y te alegraba el alma, pero solo unos segundos, cuando perdías el norte y quedabas dormido, apoyado en una pared, mimetizándote con el lugar.


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    Los compañeros de trabajo desaparecían junto con las ganas de trabajar, no había ni un haz de luz donde agarrarse para tirar de este mismo y ver un nuevo día, como los pasados, llenos de trabajo, risas, conversaciones interminables... todo eso se estaba perdiendo poco a poco, sin darnos cuenta.

    No podía continuar con la situación, me vi obligado a dar el paso y buscarme la vida por mi propio pie, ya que nadie daba un paso después de caer derrotados en las anteriores batallas. El humor estaba de capa caída y los ánimos por los suelos. Si continuábamos así quedaríamos en el olvido y todo el trabajo realizado no habrá valido de nada y... no era plan. Decidí salir de la zona, después de limpiar bien el preciado Intruder, abrillantar como nunca las llantas y dar una vuelta por la ciudad, en busca de algún lugar donde plantarnos y demostrar de lo que somos capaces.


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    Sin rumbo en el GPS y con el depósito lleno, afronté la aventura de buscar algo temporal, que cumpliera con las especificaciones y la premisa de alzarnos una vez más. Descubriendo calles, avenidas, nuevos locales, incluso callejones sin salida por equivocación al estar despistado. Nada parecía estar a la altura para poder desarrollar nuestras labores, casi con los ojos cristalinos y sin estar pendiente de la carretera, continuaba hacia el horizonte, siendo realista y sin ningún tipo de esperanza.

    Crucé de punta a punta, triste y aburrido en el coche, dándole de comer al coche y dándome a mi cafeína para no caer en el sueño profundo de la soledad. Casi con los ojos caidos, de estar toda la noche conduciendo, durante el amanecer y los primeros rayos de luz, se cruzó en frente de mi paragolpes delantero una grúa. No dudé en seguirla para ver a dónde iba. Esta fue quien me llevó casi de la mano al taller "Hayes".


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    Pensaba quedarme y ojear el ambiente, luego asentarme lentamente, como el que no quiere la cosa, con total respeto y sinceridad. Varios compañeros de oficio se sintieron atacados, pensando que venía a robar herramientas o clientes, pero más lejos de eso, solo quería hacer lo que hacían ellos. Trabajar.


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    El jefe de una empresa de automoción se interesó bastante en mi, siendo así entablando una humilde conversación donde ambos se encontraban en el mismo punto. Poniendo sus puntos de vista de la situación y demás, ofreció un lugar en el box donde trabajaba, así ambos respetando su trabajo y tratando de igual forma a la clientela. Aquello abrió una pequeña brecha y el camino arrojó luz para continuar por el mismo.


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    La zona donde estaba ubicado era genial, en una avenida cerca de la costa. No tardó mucho en entrar el primer cliente y... era la primera persona que atendía después de todo lo sucedido con anterioridad. Como si se tratase de un niño pequeño en Navidad, sabiendo que debajo del árbol habrían regalos para él, me llenó de felicidad poder volver a tocar un coche y devolverlo a la vida como si fuese recién salido de la línea de montaje de fábrica.


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    Muy amable el cliente, bajó del vehículo para comentar que había sucedido. Atendiéndole con todo el respeto, entendí su queja para así solventarla de la mejor forma posible. Luego dejó el box para sentarse en la recepción donde, con un televisor, algo de música ambiente y algunas revistas, pasaría la espera de forma más agradable.


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    Volvió la confianza de que sabía hacer el trabajo, no me sentía oxidado. Después de acabar el trabajo, avisé a toda la plantilla de compañeros para hacerles saber que existía luz, que no todo era oscuridad, intentando así abrirles los ojos a un nuevo rumbo. Mientras, los clientes no paraban de llegar para cuidar a sus preciados y nosotros, Global Motors, hacerles sentir que sus vehículos estaban en las mejores manos.


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  • La última frontera


    “En el momento en el que te comprometes, el logro de tu objetivo es seguro.” - Mack R. Douglas


    Nuestra historia hasta ahora se resume en constantes caídas, cuando parece que todo va mejor hay un escalón más bajo todavía. Sin embargo, cada vez que esto ocurre lejos de desanimarnos hace que los chicos respondan con más fuerza. Este largo peregrinaje nos está convirtiendo en algo más que una empresa, una gran familia. Un núcleo que se apoya y respeta más allá del dinero, como simple reconocimiento del esfuerzo y dedicación. Grandes empleados que podrían trabajar en talleres con una mayor estabilidad pero aquí están. Es una gran carga la que soportan mis hombros y en esta montaña rusa hay días que se hace inaguantable.

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    En uno de esos días estaba yo, cuando me decidí por tomarme un respiro e ir a pescar, uno de los hobbys que más me relajan. Me gusta acompañar la pesca con una charla fluida, pero la gente de este lago nunca parece estar por la labor. En esto volvía yo sumido en lo profundo de mis pensamientos cuando una inoportuna piedra tocó los bajos de mi coche.

    En cuanto vi que comenzaba a perder aceite busqué el taller más cercano y tras dar un par de vueltas estaba desesperado. Acostumbrado a la ciudad donde hay más talleres que personas, aquí eran muchos los conductores que me ofrecían su ayuda pero parecía imposible llegar al taller más próximo. Finalmente, siguiendo las indicaciones de un conductor llegué a una vieja estación de servicio de un señor llamado Rick Donovan.


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    Rick tiene un aspecto muy extraño, pero me ayudó con lo que necesité. No os penséis que se trata de una persona muy hospitalaria, me ayudó desde la sequedad más extrema y fría. Me sorprende que su forma de ser todavía no haya secado el lago. Sospecho que si quisiera podría hacerlo, pero Rick actualmente malvive del dinero que generan unos viejos rodillos de lavado que muy probablemente cojan el agua del manantial.


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    En cuanto me vió más interesado de la cuenta, comenzó a rehuir preguntas y a darme largas. Supongo que no soy el primero que le ha aparecido por aquí prometiéndole el oro y el moro. Tras mucho insistir conseguí explicarle el proyecto que acababa de improvisar. Rick como buen norteño es muy cerrado, pero a mí a pesado no me gana nadie, y cuando entendió mis objetivos yo percibí que él solo quería lo mejor para Shandy.


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    Finalmente llegamos a un acuerdo, me mudaría cuanto antes con mis chicos y él nos pondría a prueba. Me dejó muy claro que él estaría siempre vigilándonos pero que si cumplíamos, comenzaría a invertir en el local y con una instalación eléctrica decente podríamos realizar cualquier trabajo de mecánica. Acordado el precio del alquiler y analizado el espacio que tenemos, volví a la ciudad con mucho que contar.

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  • New era


    “Cuando sientas que todo se pone en tu contra, recuerda que un avión despega contra el viento, no a favor.” - Henry Ford


    Rick lo dejó bastante claro la última vez, una semana y verá que hace con nosotros. Igual acabamos a la parrilla, vuelta y vuelta en cualquier lugar del desierto, o quizás siendo mejores de lo que ese sin sangre se piensa y le conseguimos una facturación como para que se consiga jubilar antes de lo previsto. Para ello tenía que avisar al equipo y hacerles saber este nuevo camino que íbamos a emprender juntos.

    Muchos cambios en tan poco tiempo, quizás ya no sabían ni donde cambiarse los calzones después de una larga jornada, pero tocaba dar este paso para buscar un futuro mejor, lejos de problemas, más tranquilos, más desahogados, más felices, quizás... y solo quizás arrimando hombro con hombro y haciendo lo que mejor se nos da, podíamos lograr convencer al señor aburrido del lavadero y alegrarle la vida, y ya también alegrar el lugar con nuestra presencia, humor y estilo de vivir.

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    No sabía cómo darles la noticia, si ir al grano sin rodeo alguno o contar alguna historia de forma introductoria. Tampoco quería que los chicos se me vinieran abajo o se pensaran que otra nueva historia sin ningún futuro iba a empezar. Estaba casi temblando, ya nada más verme entrar por la puerta del taller sabían que pasaba algo, no estaba fino, como siempre.

    Parecíamos el típico niño de película que nunca encuentra amigos por qué sus padres siempre van siendo trasladados a otro puesto de trabajo o lugar, estos se han de mudar y el pobre niño, nunca acaba de encajar en el nuevo colegio. Creo que toda la plantilla estaba en ese "mood" y no quería volverla a joder, solo quiero lo mejor para ellos.


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    Creía que iban a tirar la toalla, que me iban a dejar plantado, pero quien se quedó plantado en ese preciso momento fui yo mismo, al observar sus reacciones y el brillo que reflejaban sus ojos, llenos de ilusión. No hizo falta decir mucho, casi que fueron ellos, la familia que tiró nuevamente del carro y se puso manos a la obra a embalar todo de nuevo. Las cajas de herramientas, útiles de trabajo, ropa de repuesto y algo para comer durante el viaje, no podía faltar por supuesto.


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    Las burritos iban cargadas hasta arriba. Mucho tiempo trabajando en tantos talleres diferentes. Tantos vehículos diferentes que teníamos herramientas construidas por nosotros mismo incluso, para poder realizar esas reparaciones complicadas, de forma sencilla. Donde incluso no llega ni la luz de la linterna, teníamos una herramienta específica para poder extraer ese tornillo. También útiles de extracción de elementos mecánicos de algún vehículo antiguo. Todo eso y más, quedó embalado en cajas de forma ordenada para cuando llegásemos, poder tenerlo todo de forma visual e instalarlo sin mucho apuro.


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    Pusimos rumbo al nuevo lugar, allí nos esperaba Rick para darnos la bienvenida pero ellos no lo sabían, querías que fuese también sorpresa, que lo conocieran por sus propios ojos. Era un tío difícil aunque seguramente era un buen hombre, con un gran corazón, pero no se dejaba querer mucho por las primeras impresiones que me dio.

    El ambiente se notaba muy emotivo, los chicos estaban bromeando por la radio, incluso alguno se atrevió a cantar alguna canción, los demás le acompañaron y acabó todo en risas con lo que, el tiempo del trayecto se esfumó, teníamos la sensación como de solo haber dado la vuelta a la manzana, pero no, estábamos llegando a nuestra nueva casa, donde empezar un nuevo ciclo.


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    Salimos de la autopista para adentrarnos ya en Sandy Shore, en el desierto de Grand Señora. Tierras áridas y caminos sombríos donde la oscuridad se hace dueña de la noche. La luz de la luna y el aullido de los coyotes acompañaban el ruido de los motores por nuestro paso por esos caminos arenosos. La noche seguía cayendo y creaba un ambiente que por el día es totalmente diferente y es que, aunque seguíamos el GPS, pensaba que nos habíamos perdido. Zonas rocosas, cactus por todos lados... aquello durante la noche parecía exactamente igual, como si estuviésemos dando vueltas en círculo.


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    Divisamos las luces del autolavado al final de la carretera, era la estrella que esperábamos con ansias encontrar y que nos guiase a lo que sería en la próxima semana, nuestra nueva casa. Justo fue aparcar, dejar los motores reposar y bajamos a descansar las piernas y la espalda. Fue un viaje duro al final, los caminos sin asfaltar llenaron de polvo todos los vehículos, pero... estábamos situados en el mejor lugar para volverlos a dejar relucientes y empezar a engrasar toda la maquinaria.

    Ya era tarde y estaba por empezar a amanecer. Le dije a los chicos lo orgulloso que me sentía de ellos y de todo el trabajo que estaban realizando. Hacíamos más horas que un reloj y nadie pedía un extra, al final el ambiente acaba siendo más familiar que laboral y eso, a todos les aporta algo pero… era hora de dormir, cada uno a su casa por muy familiar que fuese el momento.


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  • Lavarnos la cara


    "El diseño tiende al cambio más a menudo que el viento, y ligeramente menos a menudo que mis calcetines." Suleiman Leadbitter


    Después de la amigable bienvenida recibida por parte de algunos de nuestros nuevos vecinos, nos pusimos manos a la obra y comenzamos con el trabajo. Al poco de abrir llegaron los primeros clientes, entre el FBI y el Departamento del Sheriff nos fuimos animando. Los oficiales parecen encantados con nuestra presencia y nosotros los recibimos con gusto.

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    Sin más preámbulos le hicimos una limpieza exhaustiva y el pertinente mantenimiento a uno de sus vehículos mientras el oficial nos contaba que estaba harto de tener que acudir a la ciudad a reparar cualquier tipo de avería. Lamentablemente no disponemos del equipamiento necesario para solucionar todo tipo de problemas, pero le aseguramos que estábamos trabajando en ello y que nuestra intención era aportarles el mejor servicio posible en el futuro.

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    Tras estos primeros trabajos por fin tuvimos tiempo para terminar las labores de organización y limpieza. La noche había sido larga pero el cansancio nos vino de golpe con la llegada del calor, todavía no había empezado a amanecer y ya estábamos sudando. Llegamos a la conclusión de que nuestro uniforme no era el adecuado y decidimos decirle a Paul que era mejor cambiarlo.

    Paul les contó que había estado trabajando conmigo en el diseño de una nueva página web e imagen corporativa en general y que ya tenía en mente cambiar la vestimenta para que estuviéramos más cómodos. El naranja dejaría paso a tonos azules y arena que casan totalmente con nuestro entorno actual. Como director de la empresa textil Darnell Bros, Paul no tardó en traernos una propuesta de uniforme que nos convenció a todos por igual. Y no solo acertó de pleno con los colores, la nueva camisa es mucho más fresca y liviana que la chaqueta que teníamos antes.


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    Ahora somos el taller con más estilo de la ciudad, no tengo pruebas, tampoco dudas. Pero no contentos con esto, la nueva web es completamente funcional y no puedo estar más orgulloso del resultado final. Ahora que nos hemos salido del centro es crucial para nosotros mejorar todo lo posible las herramientas que tiene el cliente para conocernos y contactar. De hecho, pronto tendremos número de empresa y saldremos en las páginas amarillas, esperamos aumentar así el número de trabajos relacionados con la asistencia en carretera.


    Por si tenéis curiosidad aquí os dejo el link de la web y aprovecho también para animaros a que os descarguéis
    nuestra app donde podéis ver más de nuestro día a día, solicitar algún servicio e incluso mandarnos vuestro currículum.

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  • ¡Este no es el tipo de óxido que nos gusta!


    “Así como el hierro se oxida por falta de uso, también la inactividad destruye el intelecto.“ — Leonardo Da Vinci


    Con el paso del tiempo, nuestra flota de vehículos ha ido creciendo y soportando nuevas actividades. El cambio a una zona menos poblada donde las distancias se alargan nos ha hecho apostar por una nueva grúa de mayor tamaño y rendimiento. Lo cierto es que se siente muy cómoda y da gusto ir a realizar cualquier trabajo en ella. Podría decirse que estamos como un niño con un juguete nuevo.


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    Por otro lado, la furgoneta también nos estaba limitando mucho y decidimos comprar otro vehículo a mayores. El servicio de reparto que teníamos contratado en la ciudad no llega hasta aquí ya que no estamos en una ruta demasiado transitada por los camioneros. Es un trabajo que ahora tendremos que hacer nosotros mismos, pero que nos permitirá tener mayor control sobre el stock de nuestro almacén.

    Aprovechando la compra de los nuevos vehículos se ha hecho una puesta a punto a los antiguos. A nuestra grúa le hacía falta una buena restauración de la carrocería. Comenzamos puliendo toda la chapa con un cepillo de alambre, ya que el transformador de óxido necesita corriente alterna y todavía no disponemos de toma de trifásica en las instalaciones. Fue un trabajo duro y no demasiado gratificante. Después de rascar hasta casi quedar sin brazo, la aleta trasera derecha se nos resistía. Intentamos aplicar una imprimación de adherencia y cubrir las imperfecciones con una masilla de rellenador y endurecedor. El estado era tan lamentable que literalmente se deshacía el metal y tristemente tuvimos que dar la pieza por irrecuperable. Llamé durante un par de días a los talleres más antiguos de la ciudad para ver si alguno tenía el recambio pero, viendo la ineptitud de los pocos que se dignaron a contestarme, la solución tenía que partir de nosotros.


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    Bajé la grúa al sur y, en las instalaciones del puerto, recorté la zona dañada lo más ajustada posible. Con ayuda de un cartón y un rotulador me llevó unos pocos minutos hacer una plantilla de la chapa que necesitaba. Una vez cortado el nuevo trozo quedaba lo más difícil. Personalmente no estoy muy familiarizado con el soldador y quizás si fuese para un cliente no me hubiera atrevido, pero combatir el óxido a veces implica tomar decisiones arriesgadas. Logré curvarla y cantearla y se amoldó perfectamente a la zona. Procedí, entonces, a su soldadura por puntos. Una vez colocada la nueva pieza, fui lijando los puntos y rellené la costura de la soldadura con masilla. Ya para terminar, pinté el vehículo con los nuevos colores de la empresa y nos volvimos para el norte.



  • Cambio de planes


    Cumple tus promesas y sé consecuente. Sé el tipo de persona en la que otros puedan confiar (Roy T. Bennett)


    Caía la noche sobre Sandy Shores, los animales nocturnos comenzaban a asomarse por las zonas que se habían oscurecido, la temperatura caía en picada y cada vez se sentía más el aterrador silencio de la noche. La ilusión que teníamos por conseguir los papeles del gobierno nos mantenía vivos por más que pasara el taller abierto durante más de 24 horas. Hacíamos turnos rotativos, siempre tratamos de cubrir y abarcar el mayor número de horas posibles y así tener a los pueblos de Sandy y Grapeseed atendidos cuando nos necesiten. Hacemos hincapié en esto a la hora de contratar ya que en este estado, hay diferentes horarios para cada persona y es algo a lo que debemos nuevamente “adaptarnos”.

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    Estábamos a punto de cerrar, llevábamos unas cuantas horas sin clientes por lo tarde que era. Sin esperarlo, llegaron unos amigos y nos comentaron que había una fiesta en la discoteca de Vinewood, que deberíamos ir para despejar un poco la mente y salir un rato del taller. Antón, como buen fiestero, fue el primero en decir que sí, y yo también me animé, y justo se lo fui a comentar a los chicos por si se querían venir y apareció un cliente. No pasaba nada, nosotros estamos para eso, para atender a la gente, se trataba de Gerry, un lugareño muy carismático, aunque un poco rudo, Gerry se mostraba amable y parecía ser muy buena persona. Nos preguntó qué hacíamos allí, y le contamos toda la historia, le sorprendió bastante, pero no más que a mí la forma positiva en la que reaccionó al saber cuál era nuestro propósito.

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    Gerry vivía y trabajaba en los campos de Grapeseed, era un agricultor y ganadero, por lo que nos contó vivía de lo que generaba en su granja: tenía reses, iba de caza y contaba con los campos de cultivo. Su economía se sostenía con eso.
    Le comentamos amablemente que nuestro propósito era ayudar precisamente a personas como el, que si tenía alguna máquina que necesitase una puesta a punto o algún tipo de mantenimiento que contase con nosotros y que si no tenía como transportarla, que la podíamos cargar con la grúa o incluso realizar el servicio a domicilio. Se le abrieron los ojos como platos al escuchar esto. Nos habló de un viejo tractor que había heredado de su bisabuelo, una auténtica reliquia, que tenía problemas para encender, chorreaba aceite por todas partes y que el sheriff siempre le estaba tocando los cojones con que no podía ir con eso por la carretera por carecer de luces.

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    Le dijimos a Gerry que no se preocupase, que nos lo trajera al taller y que le echaríamos un vistazo. Se puso tan contento que quiso traerlo cuanto antes. Se subió a su coche y fué lo más rápido que pudo a por él. La verdad que tardó bastante, puesto que la máquina hacía lo que podía y bueno es que le permitió llegar. No pasaba nada, queríamos ayudarle, era momento de dejar la fiesta para más tarde.
    Tras un buen rato esperando, cuando creíamos que ya no venía, se escuchaba el aparato desde lejos, el ruido era espantoso, se podía notar que llevaba varios años parado, pero, cuando lo vimos nos quedamos boquiabiertos, no nos lo podíamos creer aquello se trataba de una auténtica joya, una reliquia. Nos propusimos dejar al taller por todo lo alto y lo que era más importante, dejar a Gerry asombrado y contento con el resultado.

    Los chicos y yo nos pusimos manos a la obra.

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    El trabajo fue intenso y duró horas, reparamos las zonas corroídas por el óxido, instalamos las luces, limpiamos los colectores, cambiamos todo el sistema de arranque, añadimos unos paneles reflectantes en la parte trasera y engrasamos todo el circuito hasta que quedó como la seda. Gerry había confiado en nosotros siendo nuevos en el lugar, eso para un norteño era algo impensable así que no perderíamos la oportunidad de que comentase con los vecinos lo bien que trabajamos. Nos esforzamos tanto como pudimos y finalmente el resultado fue como casi siempre: un éxito.
    Llamamos a Gerry por teléfono para avisarle de que estaba todo listo, nos dijo que no nos preocupemos, que pasaría por él al día siguiente, y que se alegraba de que el norte pudiera contar con gente como nosotros.

    Dicho esto, agarramos la grúa, pusimos el tractor a un lado para dejar espacio para trabajar al día siguiente y continuamos con lo que íbamos a hacer antes de todo esto: Nos duchamos, llamé a Antón para preguntarle si todavía seguía en la fiesta y… ¡ALLÁ NOS FUIMOS!

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  • ¡Como nuevo!


    “Ciertos recuerdos son como amigos comunes, saben hacer reconciliaciones.“ — Marcel Proust


    Todo el taller estuvo muy ocupado los últimos días, Sandy Shores y el desierto nos habían mostrado lo mejor y lo peor que tenían para ofrecernos y poco a poco estábamos logrando convertir aquella esquina desolada en nuestro hogar.


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    El tiempo paso y tanto el plantel de empleados como la flota vehicular habían aumentado, la zona se veía más viva que nunca y nuestra historia encontraba por fin el camino correcto, entre toda la emoción nos encontramos con un pequeño problema, nuestros vehículos más viejos comenzaban a dar problemas puesto que, en medio de todo el alboroto de mover de lugar el taller, las fechas de mantenimiento habían expirado y era indispensable una revisión para mantener la vida útil de las máquinas más viejas. La compra de una nueva grúa y la mudanza habían mermado el capital de la empresa por lo que no había forma de renovar toda la flota, era necesario poner manos a la obra y restaurar nuestras herramientas de trabajo.


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    Después de hacer unos viajes desde el centro de la ciudad hacia Sandy Shores, algunos trabajadores comenzaron a reportar que la grúa se demoraba mucho en encender, perdía potencia en medio de la carretera y que muchas veces parecía funcionar a medio motor, esta es una preocupación muy grande por lo que fue prioritario.


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    Al abrir el capó, no se notaba nada extraño a primera vista por lo que fue necesario limpiar toda la cubierta del motor, al hacer esto era evidente que había algunas zonas que mostraban manchas de quemado por lo que removí las tapas plásticas que cubren las bujías del motor. En este momento fue fácil deducir lo que estaba sucediendo, el uso repetido y el calor excesivo del desierto habían dañado gravemente las bujías.
    Con mucho cuidado removí las bujías de su lugar, como ya la mayoría tenían varios kilómetros a sus espaldas decidí que sería una buena idea reemplazar todas y eso hice.

    Después de trabajar en la grúa, desplace mi atención hacia la burrito, la camioneta no tenía tanto recorrido como la grúa, pero había sido de gran ayuda para mover las herramientas de un lugar a otro, pero, tras el último viaje, había comenzado a mostrar fuertes vibraciones cuando el motor estaba en ralentí y ruidos extraños provenientes del compartimiento del motor.


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    Tras una inspección rápida del motor noté que tanto la correa de distribución como las monturas del motor estaban sueltas, esto provocaba mucho juego entre las partes móviles del motor y el chasis, dando lugar a esa fuerte vibración del motor. Arreglar la correa era tarea fácil, para evitar problemas a largo plazo, la reemplacé con una nueva y la ajusté con una llave hasta que se encontraba tensa y alineada con las marcas del motor, el verdadero problema eran las monturas del motor, estas eran una parte esencial en el correcto mantenimiento del auto pero no tenía las herramientas necesarias para levantar el motor así que ajuste todas las tuercas que podía ver y cerré el capó del auto, me encargaría de cambiar esas piezas cuando tengamos todas las herramientas preparadas en el taller.


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    Con una sonrisa en la cara, concluyo mi mantenimiento relámpago sabiendo que estos pequeños arreglos nos permitirían seguir trabajando con los autos hasta que tengamos el tiempo suficiente para analizar cada rincón en busca de fallos. Después de dejar todos los autos en su lugar me di cuenta de lo tarde que era, al ver el cielo oscuro, respiré hondo llenando mis pulmones con el aire limpio del desierto y dirigí mi camino hacia el frente del taller, me apoyé en un poste y esperé a que llegue un nuevo cliente.


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  • Trabajo nocturno


    La paciencia es amarga, pero su fruto es dulce. (Jean-Jacques Rousseau)


    Era un día normal, cualquiera. Todo en el taller estaba tranquilo, los mismos vecinos, los mismos clubes de moteros, el mismo chico del sheriff lavando su coche y Gerry preguntándonos si ya teníamos herramientas para pintar una de sus viejas camionetas…
    Por desgracia todavía no podíamos realizar ese tipo de trabajos y seguíamos enfocados en los lavados, que están bien, pero no dan el sustento económico que necesitamos para paliar los gastos de las grúas. Como señal del destino, después de estar todo el día en el taller, como siempre, Mike recibió una llamada del gobierno. Todos preguntamos qué había pasado, si eran buenas o malas noticias… Mike nos comentó que se trataba de una llamada del Ministerio de Trabajo para solicitarnos uno de los servicios que ofrecemos.
    En este caso, servicio de grúa.


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    Michael se ofreció para encargarse él personalmente, es un chaval muy atento y trabajador, de los mejores que tengo. Asique le dije que adelante, confío en él plenamente, casi podría decir que es mi segundo al mando aunque él no lo sepa.
    Agarró la grúa, y se puso camino a la ubicación deseada por los responsables del ministerio. Llegó al lugar y el Viceministro se encontraba allí para darle explicaciones de lo que necesitaba. Le contó a MIke que había llamado a 5 talleres distintos y que únicamente el nuestro fue el que respondió al llamado.
    ¿Qué necesitaba? Sencillo: Mike tenía que desalojar multitud de vehículos del recinto de la construcción en frente a las oficinas de Hawick, al parecer, una empresa de seguridad ya había recibido varias advertencias acerca de que debían retirar sus vehículos de la zona o se tomarían estas drásticas medidas. Esto resultó inutil, por tanto las medidas se llevaron a cabo contratando el servicio de nuestro taller.


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    Se comenzó por lo más fácil, un Diletante de seguridad que se encontraba en las inmediaciones y que al igual que los camiones de seguridad seguía molestando a los trabajadores de la obra que allí se estaba realizando. Michael conectó el gancho al Diletante, se subió a la grúa y accionó la palanca mientras el señor Diego McDuff presenciaba la maniobra.
    Una vez enganchado, puso rumbo al depósito municipal de vehículos para dejarlo allí y firmar los papeles de dicho traslado.


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    Tras dejar el híbrido en el depósito, volvió al lugar de la obra y siguió realizando el trabajo indicado por el gobierno, esta vez, repitió lo anterior con los pesados furgones de seguridad. Esto no es un problema debido a la reciente adquisición de la grúa de mayores dimensiones que adquirimos para así estar preparados para todo tipo de trabajos. Enganchó los furgones y partió hacia el depósito municipal de vehículos realizando nuevamente todos los trámites burocráticos pertinentes.


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    De esta manera, los pobres obreros podrían trabajar con libertad en su propio espacio de trabajo, una frustración que nosotros entendíamos perfectamente dadas las circunstancias vividas hasta la fecha. Dicho esto, seguimos expectantes por el recibo de nuestras herramientas al carwash de Sandy para así poder terminar con los dolores de cabeza de cientos de norteños hartos de tener que bajar hasta el sur o recorrer varios Kilómetros hasta llegar al taller de paleto que como la mayor parte de las veces, encontrarían vacío.
    No sabemos cuánto demorará el traslado, hasta entonces, hacemos lo que podemos para ayudar con todo lo que está en nuestra mano.


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  • ¿Una semana más o una semana menos?


    "Domingo de alegría y relajación, lunes de sacrificio bien llevado." -Juan Armando Corbin


    Era bastante temprano cuando me desperté en casa de unos amigos, el fin de semana fue largo y el domingo me tomé un merecido descanso para volver con más fuerza. Para mi sorpresa, cuando llegué al taller descubrí que Paul también había madrugado y ya tenía el uniforme puesto. Mientras me apresuraba a desayunar y cambiarme, llegaron varios chavales que, asumí, venían citados para una entrevista de trabajo.

    Para cuando estuve listo, Paul ya había elegido a dos de ellos y estaba procediendo con la contratación. Considero que somos de los talleres más profesionales de la ciudad, pero esto trae consigo un problema. A la hora de incorporar nuevos trabajadores son muchas las herramientas y protocolos que hay que explicarles, muchos saben cambiar un neumático, pero no han hecho una factura en su vida. Es una labor tediosa que por suerte yo voy esquivando.


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    Como no todo iba a ser mirar, decidí que podríamos usar uno de mis vehículos como prueba para que los nuevos chavales se fueran familiarizando con el trabajo. Tras explicarles cómo funcionaba la grúa partimos hacia las instalaciones del puerto. Empiezo estar un poco cansado de realizar este camino tantas veces al día pero por lo menos esta vez me sirvió para conocer un poco mejor a uno de los nuevos

    Llegamos al taller y comencé a explicarles qué había notado algún que otro sonido raro en el vehículo durante el fin de semana, además de la necesaria reparación de la luna trasera y uno de los focos, debido a un descuido dando marcha atrás.


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    Después de una revisión concienzuda dieron con el problema mecánico que había estado oyendo todo el fin de semana. Pese a ser bastante nuevo mi coche ya lo voy conociendo y tal como predije, se trataba de un pequeño agujero en el sistema de escape. Con la ayuda de Paul dieron fácil con el problema, tuve bastante suerte ya que no eran los colectores ni el catalizador y el resto de componentes son baratos y sencillos de sustituir.


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    Con el problema más complicado resuelto los dejamos hacer y simplemente observamos la capacidad de trabajo en equipo, liderazgo e iniciativa de cada uno de ellos. Quedé muy contento con el resultado final, quizás necesitaron demasiado tiempo pero se que es porque lo quisieron hacer perfecto y se aseguraron muchas veces de que todo estuviera en orden. La actitud es lo importante, la eficiencia y la agilidad son virtudes que se consiguen con el paso del tiempo.


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    Sin más, volvimos al taller a tiempo para ver el atardecer. Podría acostumbrarme a estos paisajes, ojalá pronto Rick comience a confiar en nosotros y empiece todo el papeleo para las obras. Al menos una mínima instalación eléctrica y un almacén para poder sustituir piezas y hacer reparaciones en el exterior.


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