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Raymond Lover Junior



  • Esta es la historia de Raymond Lover (1970-Actualidad)
    Esta es la historia de Raymond Lover Junior (1993-Actualidad), un tipo peculiar donde los haya.
    Todo comenzó en el viejo continente, donde una familia de gitanos franceses huían en plena Segunda Guerra Mundial. Su padre, Benoit ''Roi'' Lover (1920-2009), era un soldado poeta, inspirado por Paul Éluard y su obra ''Poemas por la paz'', aunque era un hijo de puta, y anarquista, lo cual no siempre tiene que ir de la mano; en este caso, sí lo iba. Su madre, Joan Jeanette Peigne (1922-2010), era una modista frustrada, pues las vestimentas rasgadas no eran muy populares en la Francia de entre 1935 y 1945. Benoit tenía un hermano, François (1923-1941) era un jóven soldado loco que acabó en las drogas muy temprano y le reventaron en una trinchera mientras flipaba con las explosiones de alrededor; una pena, cantaba bien el muchacho.
    Tras la muerte de François, Roi y su familia sabían que era hora de pirarse porque los putos nazis venían a joder la marrana más impresionante jamás vista en la vieja Europa. Dos carromatos, cuatro caballos, y lo básico para sobrevivir hasta Normandía; partían de Niza, Marsella, y el paseo no era precisamente corto. Gracias a sus costumbres y cultura, sabían moverse por los bosques y pasar desapercibidos, ya que ''escuchaban a los árboles''. Eran más avispados que un día sin pan. Durante dos meses recorrieron bosques y senderos franceses hasta llegar a Normandía, donde les esperaría la familia de la hermana de Jeanette en barco para emigrar a Inglaterra. Allí los nazis lo tendrían más jodido para entrar.
    Emigraron a Inglaterra en 1942, al empezar el año. Se establecieron en un asentamiento de Brighton durante una semana, y tomaron rumbo a Birminghan. Allí se adentraron en los bosques, y dejaron pasar los años hasta que los periódicos volvieron a hablar de paz.
    Allí tuvieron un bebé, al que llamaron Benoit Lover Junior (1943). Ese niño creció feliz en el campo, aprendiendo las labores del mismo, y viviendo una vida digna, aunque humilde. Al crecer, Benoit Lover Jr conoció a una preciosa chica inglesa, que se llamaba Janis, lo cual le recordaba al nombre de su madre. Benoit Junior dejó el camino del arado y consiguió una guitarra cambiándola por un acertijo en un bar de mala muerte en Birminghan. Con esa guitarra comenzó a descubrir su pasión por la música. A pesar de que se le daba bien, pensaba que si tal vez lo hubiera descubierto siendo niño, podría haber sido un maestro.
    Pasaron los años, y cuando Benoit Junior, alcanzó sus 27 años, decidió que era hora de garantizar un futuro para él y su querida Janis. Construyó una carreta con paredes y techos, y comenzó a rondar por toda Inglaterra cantando sus movidas, las cuales gustaban a casi todos, básicamente porque trataban sobre la guerra o sobre el amor de una buena mujer.
    Logró ganar suficiente dinero como para comprarse una finquita y afianzar una familia. Janis quedó embarazada, y a los 9 meses, en Agosto de 1970 nació un maravilloso bebé, de ojos fulminantes y negros. Esa mirada impactó hasta al hijoputa que lo sacó de la pobre Janis. Era el jodido Raymond Lover.
    Crecí en una familia pacífica, mi padre me enseñó la guitarra desde pequeño y me molaba componer mis canciones. Fui al colegio, crecí como todo niño normal y corriente, me gradué, tuve mis novias, mis movidas con algún capullo del colegio, mis amistades y mis admiraciones. Admiraba a Isaiah, un negro del downtown que tocaba como si Dios y el Demonio se hubieran juntado. Este tipo tocaba Rock'n'Roll, lo cual me volvía loco.
    Empecé a acercarme mucho al downtown, dejando a un lado los estudios académicos, y me mezclé con la gente de a pie. Comencé a sentir como me enganchaba esa ''suciedad''. Comencé a filtrear con alguna droga, hasta el punto de convertirme en un heroinómano que tocaría hasta la saciedad y se rompería la voz para conseguir otra dósis.
    Cuando desaparecieron las oportunidades y las dósis, pero no la esperanza, comencé a hacer cualquier mierda para poder comer; me prostituía, robaba, e incluso asaltaba si me lo pedían. Algo se me enchispó en el cerebro, porque empecé a sentir un gusanillo cada vez que realizaba lo que tocase para conseguir la dósis; comencé a valorar más la acción que la dósis. Fui dejando poco a poco las drogas, porque las sustituí por la sensación de poder, por la adrenalina de hacer lo que te sale de los cojones.
    Si piensas que no es gran cosa, es porque no he decidido entrar en detalles; sí, soy yo mismo, Raymond, el que escribe esta puta historia, y ahora mismo estoy montado en un puto avión dirección Nueva York porque en Inglaterra más personas de las que quisiera tienen muchas ganas de meterme bajo tierra, o bajo el agua, o sobre un puto palo; me quieren muerto, ¿entiendes?.
    ¿Cómo cojones he llegado hasta aquí?. Soy un tipo semifornido, con cara de ''bonachón'' pero mirada de hijoputa. Mi barba le quitan volumen a mis pómulos redonditos, los heredé de mi querida mamaíta. Tengo el pelo más negro que mi pasado, y también que mi futuro.
    Uso lentes de cerca para leer porque no veo una puta mierda, pero solo para leer, me da vergüenza para el resto. Soy un jodido amante del blues, del rock, y del flamenco, obviamente. Doy gracias a la vida por haber nacido gitano, y también por haber tenido posibilidades; no vengo del guetto, pero me metí en él. Soy como un antihéroe, atípico por naturaleza. Sé estudiar, pero cuando me apetece, o al menos, cuando me conviene.
    Menos mal que no soy como mi padre, no me gustan las chicas cuyos nombres empiecen por J; prefiero las joyas, los juegos de mesa y los jarabes para el alma.
    Sin embargo me gustan las que empiezan por H; Helen, Hilda, Heroína... Sí, ese soy yo, vivo enamorado de una droga la cual sé que no debo besar, y no beso. Pero la sigo amando, nada se puede comparar a esa puta mierda. Que le jodan a los que no entienden.
    Ahora soy más calculador, o por defecto o por fortuna. Sigo componiendo mis canciones, me sirven mucho para caer bien y que nadie sospeche, o que piense mal de mí. ''¡Anímalos a todos, no te comportes como un animal!'' me decía Isaiah. Y qué razón tenía. No fue hasta el mismo día que le metieron dos disparos en la cabeza por mi culpa que me dí cuenta de que debía ser más discreto y cauteloso. Le metieron dos disparos porque reconocí haber robado 100 gramos de heroína a un camello inútil, delante de su proveedor. Lo dije como si me diera igual. Al tipo no le dió igual, y decidió matar a mi amigo del alma para que lo entendiese; además, le había sorprendido que hubiera sido capaz de robarle, ya que pensaban que la ruta no tenía fallos. Claro, el fallo era yo, y no entraba dentro de su ruta. ¿Me entiendes un poco mejor?.
    Comencé a trabajar para ese hijo de puta, lo suficiente como para ganarme un arma de mayor calibre; a la que agarré un subfusil cosí a tiros a 7 cabronazos, entre ellos el que mató a mi querido Isaiah, y al camello inútil al que le robé. Pillé toda la pasta que pude, dejé todas las armas donde estaban y la que usé la limpié, y se la puse en la mano al que sabía que tenía todas las papeletas de ser el segundo en revelarse; el primero y último fui yo, mala suerte para el tipo.
    Huí del sitio sin hacer mucho ruido, pero qué cojones, ya había hecho suficiente ruido; más me valía darme prisa. Me monté en mi bicicleta (sí, mi bicicleta, ¿algún problema?) y tiré rumbo al campo, donde mis padres envejecían aun más y tenían su finquita.
    Al llegar, toqué la puerta y me abrió mi madre, con su mirada amable. No soporto esa mirada, me hace sentir mal porque sé que soy un puto desastre. Entré, me senté junto a la chimenea, saqué 30.000 libras esterlinas y las dejé sobre la pequeña mesa entre mi padre y yo. Mi padre las miró con una puta cara que deberíais haber visto, estaba viendo a Dios por primera vez. Jamás olvidaré ese careto. Mi madre gritó y empezó a hacer preguntas. Mi padre callaba. Cuando mi madre logró tranquilizarse un poco, les dije que esto era todo lo que podía darles por haber intentado que fuera un buen chico. ''Mamá, me voy, y no hay nada que puedas hacer para evitarlo; me piro con mi guitarra, algo de dinero y con algo de prisa, para ser sincero''.
    A día de hoy sigo rezando para que nadie sepa quiénes son mis padres y dónde viven; me aseguré al cien por cien de que nadie me seguía hacia el campo, además di mil vueltas para confundirles, es nuestra táctica familiar.
    Mi madre y mi padre no soltaron palabra mientras me iba de su casa, sabían que había hecho algo malo, y tal vez, sólo tal vez, por algo bueno. Pero eso solo lo sabría yo, llegado el momento si tuviera que llegar.
    Como decía, ahora estoy en un vuelo hacia Nueva York, con algo de dinero como para alquilarme un piso, sacarme todos los putos papeles, encontrar un trabajo, y seguir componiendo mis canciones hasta que vea mi sitio, y comenzar de nuevo a maquinar, porque sí, soy un puto adicto a esta mierda.
    He llegado a Estados Unidos, es diciembre de 1992. Tengo 22 años y 22 motivos para dar gracias a Dios por seguir vivo. No obstante, es hora de encontrar un ritmo de vida más calmado. Voy a probar suerte en el mundo de la construcción, ya que ahora está de moda hacer rascacielos. Siempre necesitan mano de obra para mierdas así.
    Han pasado seis meses desde que llegué y por fin he conseguido echar un polvo, parecía imposible. Ha sido más fácil tener todo en regla que encontrar el cariño de una buena mujer.
    Han pasado 9 meses desde que eché ese polvo, y ¡sorpresa!. La hija de puta se ha presentado con el bebé ya en brazos. A ver, no es que me disguste la idea, pero podría haberlo sabido desde el primer momento. Menudo susto. Por supuesto que la quiero, estoy saliendo con ella y la cuido, ¿qué te pensabas?.
    Hemos decidido llamar al niño Raymond Lover Junior. A partir de ahora lo dejaré en blanco, para que el pequeño Raymond lo siga rellenando cuando tenga uso de razón, como un segundo libro de familia para el recuerdo. Mis días como individuo independiente terminaron, y este cuaderno solo lo merecen los lobos solitarios.

    [...]

    Hola, soy Raymond Lover Junior, y es la primera vez que escribo aquí. Mi padre me ha hecho abrir un documento para transcribir toda la movida que él había escrito a mano, así que he aprovechado para leerla bien y me parece que mi padre no tenía los huevos que había que tener. ¿Te cargas a tus enemigos y te piras?; ¡pero si el territorio es tuyo!. Tengo 16 años ahora mismo y mi padre dice que soy el mayor hijo puta que ha visto jamás. Además toco mejor la guitarra que él a su edad, follo mejor que él a su edad (y ahora) y no soy tan estúpido como para caer en la heroína; eso sí, fumo marihuana y hachís como un condenado.
    ¿Que por qué he salido así si mi padre se había metido por la buena vida?. Porque eso son mentiras que te cuentan en los libros y en la tele, bicho malo nunca muere. Cuando mi padre vio la posibilidad de enriquecerse a través del mundo de la construcción, no dudó en hacerlo. Una amenaza por allí, un palito por allá y ¡bingo!; alguien con los ojos indicados se había fijado en él. Comenzó como gorila, y ahora creo que es socio incluso.
    Sea lo que sea, tenemos pasta, hacemos lo que queremos, y lo más importante: sigo con la tradición familiar de tocar la guitarra para encantar animales y bestias, hechizarlos con mis carismáticos conjuros y, en resumen, hacer con ellos lo que me venga en gana.
    Parece entretenido, pero realmente mi lugar en la vida no me permite hacer mucho. Desde que tengo memoria, mi vida se ha basado en una especia de ''disciplina'' de la rutina; me despierto, me ducho, desayuno, me voy al colegio, pasan las horas, vuelvo, como, descanso, estudio, practico con la guitarra, estudio, practico con la guitarra... Era un jodido aburrimiento donde los hubiese; creo que una vez vi una pistola en el despacho de mi padre. Fue de refilón y de lejos, pero incluso en mi infancia pensé en pegarme un tiro de lo jodidamente aburrido que era. Mucha pasta pero poca diversión.
    ¿De qué me servía poder viajar si no podía explorar a mi gusto?. Comprenderéis que, para un chico como yo, y para una sangre como la mía, lo de aceptar la autoridad para siempre no era ni si quiera el plan Z...
    Recuerdo muy bien mis años de infancia. Cuando tenía 6 años mi padre me llevo un día al campo de caza, y ahí tuve el primer contacto con armas, aunque no volvería a interesarme por ella hasta muy pasado los años. ¡Mi infancia no fue como la de la gran mayoría!. Vivía bien, no me faltaba de nada e incluso me sobraba. En el colegio siempre fui un estudiante atento, con buenas notas, con diplomas, e incluso participaba en varios talleres, como los de teatro y musical. Me encantaba meterme en papeles muy dispares, y cantar si era posible en las actuaciones. No solamente el resto, sino que incluso yo me vería una persona brillante. No era un chico de muchos amigos, pero me llevaba bien con el mundo; siempre andaba más metido en mi cabeza y en mis movidas que otra cosa.
    A medida que fui creciendo, me fui volviendo una persona muy autónoma; incluso conseguía dinero por mi propia cuenta, haciendo algún pinito en la calle con la boina en el suelo para que me echasen monedas, o ayudando a mis vecinas y vecinos, incluso gané dinero ayudando a otros a ganarlo; algunos amigos de mi padre eran ludópatas, y se pasaban las noches jugando al póker. Por saber interpretar las caras de algunos, y ayudando sin que se diesen cuenta, recuerdo que el tío Nolan (un buen amigo de mi padre) ganó bastante pasta, y me daba siempre algunas perrillas por la ayuda.
    En el instituto seguí participando en los talleres, y seguía estudiando. Supongo que seguía la línea que me marcaron, aunque empecé a cogerle el gusto a hacer trampas alguna que otra vez.
    Fue un día de Junio de 2009 cuando todo cambió; mi padre perdió gran parte de su fortuna debido a la crisis financiera, y su actitud cambió. Empezó a volverse más controlador, para que no se perdiese ni un centavo, se volvió más mandatario; no era estricto, era un hijo de puta. Desde mis 16 años a los 18 años estuve saliendo con una chica, que era lo único que me evadía de esa situación de mierda en el hogar.
    Mi madre y padre creen que no me daba cuenta, pero sabía perfectamente qué tipo de personas eran y lo que eso conllevaba. ¿Acaso no pensaban que sabían que cometían fraude y que se lo callaban entre ellos?.
    Ahí fue cuando comprendí que daba igual qué decisión tomase; podría decidir ser un drogadicto, ser un tramposo, un déspota, que los cambios de la vida habían tirado por la borda todas las posibilidades que me habían contado... Básicamente, mi vida ya no volvería a ser como antes.
    En ese momento empecé a llevarme bien con los porros, y fumaba de vez en cuando para no acordarme de cómo mi padre estaba a ratos deprimido y a ratos enfurecido. La pobre de mi madre, que culpa no tenía, tuvo que cargar con toda esta situación sin ningún tipo de ayuda; presenciaba las interminables discusiones, y no acudía a ningún psicólogo porque solo podían costearse el de mi padre. Sé que no tiene culpa, pero tampoco hizo mucho por ayudarme; ellos se aferraron entre ellos, y yo me quedé colgado con la presión de convertirme en un adulto funcional sin ningún tipo de ejemplo.
    Sólo me habían enseñado a vivir cómodamente...
    Me nace decir que mi infancia fue un engaño, una capa que me cubría totalmente de la vida real; menos mal que llevo en la sangre lo de ser avispado, no sé en qué pensaba mi padre. Si el abuelo supiera, se le caería la cara de vergüenza.
    Tengo 18 años y puedo hacerlo todo menos tomar decisiones por mí mismo; puedo parrandear, estudiar, perder el tiempo, ganar dinero, pero nunca puedo actuar como mi viejo porque se le va la pinza y hace todo lo posible por limitarme. Aunque, qué mas da la decisión que tome o lo que haga, si no cuento con el apoyo de mi familia.
    ¿Para esto querías esta vida, papá?. Vamos, no intentes evitar lo que soy, siendo ambos lo mismo. Siendo sincero, ¿qué carajo voy a escribir en esta mierda, la antología del chico aburrido?.
    Paso de escribir en esta mierda, ojalá muera antes de volver a seguir escribiendo; aunque siendo sincero, para lo que tengo que escribir aquí, prefiero escribir la vida de alguien distinto...
    Tengo 22 años y sigo en este bucle de mierda, me aburro demasiado. Creo que debería probar cosas nuevas. Últimamente en el centro tocan buena música, desde grunge hasta blues. Se ha puesto muy de moda el hip hop, muchos chicos rapean, incluso chicas. Es muy divertido. Muchos toman drogas, me han ofrecido varias veces pero no me atrevo, he visto a más de uno acabar muy mal.
    He empezado una relación tóxica. El problema es que ella nunca habla...
    Tengo 27 años y hablo desde un centro de desintoxicación en Los Santos. Los últimos 5 años han sido un remolino de drogas, tiroteos, robos, adrenalina y sangre. Muchos recuerdos son borrosos... los médicos dicen que relacionarme con personas y vivir situaciones similares podría hacerme rememorar algunas cosas puntuales que mi cerebro decidió olvidar.
    He matado, han matado a gente que me importaba, pero lo más importante: no me han pillado. Para la gente del centro, solo soy un pobre diablo más enganchado a la droga que necesitaba ayuda, un pobre vagabundo. Para los federales, solo soy un pagador de impuestos, y para mi familia ya no existo. Mi padre, la última vez que me dirigió la palabra, me dijo que la estaba cagando a lo Nico Rizutto, pero el abuelo ya estaba muerto y el no estaba en la cárcel, así que no me joda.
    Este documento solo lo he leído hasta esta última línea yo, mi padre sabe su parte, y yo sé la de ambos. Si algún día se ponen las cosas muy feas, tengo un último as en la manga: mandarlo todo a la mierda junto a mí.
    On y va, como dirían mis antepasados. Sobreviviré a toda la mierda que tengo detrás, y si tengo que hacer una más grande para salvarme, no lo dudaré.
    Ha pasado un año desde que entré en el centro. He tenido mucho tiempo para redescubrir quien soy. Soy una mezcla entre autoconciencia e ira. Ambas no saben compaginarse, así que podría decirse que soy bipolar. Sé lo que me pasa pero no puedo evitarlo siempre. A veces tengo ganas de liarla, a veces tengo ganas de calmarme. Algunos médicos dicen que los psicópatas son así, y puede que no les falte razón, pero lo flipan luego cuando toco canciones y compongo cualquier mierda.
    Hay un chico en el centro con el que me llevo bien. Se llama Ayden Iverson, era un gran adicto a la cocaína; es lo más parecido a un amigo que he tenido en el último año...
    Siento que hay un eterno duelo entre quererme y no quererme, tanto por mi parte como por parte de las personas que me rodean.
    ¿Encontraré algún día alguien a quien pueda querer de verdad?; ¿será una persona, serán más de una?; ¿comprenderé todo esto que me cuentan los psicólogos del centro?. Sabias preguntas, necias respuestas.
    Al menos mantengo mi guitarra, con la cual hago mis pinitos en soledad. También he aprendido a rapear; tengo mucho tiempo libre...
    Es diciembre de 2020, estoy a punto de salir del centro. Los médicos tienen que darme el visto bueno, junto con el sello del Ayuntamiento de Los Santos para acreditar que soy una persona mentalmente estable. A ver que dicen estos loqueros. Me he recortado un poco la barba para la ocasión, pero sigo teniendo estas medio melenas de descuidado; al fin y al cabo, lo llevo en la sangre, y me quedan bien.

    Att: Raymond Lover Junior.


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